Gustav Klimt, el Friso de Beethoven y la lucha por la libertad del arte.
Fundación Juan March. Castelló 77. Madrid. Del 6 de octubre de 2006 al 14 de enero de 2007. L-S de 11:00 a 20.00 y D y F de 10:00 a 14:00
La Destrucción Creadora
Por Ángela Rubio
Lo
que nos ofrece la Fundación Juan March, en esta exposición
de realización impecable, es una excelente oportunidad de conocer
a fondo la obra de Gustav Klimt así como un viaje en el tiempo
de algo más de cien años para recordar que pasó cuando
el arte dió un golpe en la mesa y luchó por hacerse más
libre. Muchos artistas quisieron desligarse del naturalismo imperante
en la sociedad, aun dirigida por la burguesía ilustrada y buscar
una nueva verdad. En Austria fue Klimt quien abanderó esta lucha
por la libertad del arte. Cofundador en 1897 de la Secesión,
- movimiento cuyo principal objetivo fue modernizar el arte austriaco
a través de la transformación estética de la vida
entera- quiso impregnar todos los aspectos de la realidad con un arte
concebido como redentor llegando así al concepto de Gesamtkunstwert
u obra de arte total. Uno de los mejores ejemplos de esta obra
de arte total lo constituye El friso de Beethoven cuya copia,
acompañada de dibujos preparatorios, se nos presenta en esta exposición.
El original fue realizado en 1902 para la XIV exposición
de la Secession que homenajeaba al insigne Ludwing von Beethoven
con una escultura del maestro realizada por Max Klinger como eje expositivo.
Una alegoría de treinta y cuatro metros con diferentes episodios
simbólicos sobre la salvación de la humanidad a través
del arte, inspirados en la interpretación de la Novena Sinfonía
de Beethoven que hizo Richard Wagner en 1846 así como en la
letra del Himno a la alegría
de Schiller. Una obra magna no sólo en tamaño sino en importancia
ya que constituye un verdadero manifiesto del movimiento y más
en particular de la obra de Klimt. En el friso se condensan sus ideas
filosóficas y artísticas, así Nietzsche y Schopenhauer
son el origen de la reflexión sobre las más hondas preocupaciones
espirituales del momento: el anhelo de la felicidad, los sufrimientos
de la humanidad que es débil y las súplicas de ésta
al fuerte junto con la compasión y la ambición como fuerzas
impulsoras que le mueven a luchar por esa felicidad. De otro lado están
las fuerzas enemigas, la lujuria, imprudencia y desmesura junto a la pena
aguda. Finalmente, el anhelo de la felicidad encuentra su reposo en la
poesía y el arte nos conduce al reino ideal –el único
donde se puede encontrar la alegría y el amor en estado puro...En
definitiva, el Friso de Beethoven constituye toda una declaración
sobre el arte como una fuerza con poder frente a lo siniestro y las fuerzas
enemigas de la vida llegando a ser el mejor refugio de la dura realidad
existencial.
Klimt aborda todo esto no desde el racionalismo s ino
ahondando en su experiencia individual y en el mundo de la psique; es
decir, dejando fluir su parte irracional el onirismo de forma que transgrede
todos los valores convencionales en pos de un vitalismo nuevo que represente
al hombre moderno. Éste, más sincero desvela los instintos
especialmente aquellos relacionados con el erotismo, así en la
parte del friso donde representan las fuerzas enemigas aparecen –a
pesar de su estilización- claramente representados los genitales
masculinos y femeninos. Y es que el sensualismo es uno de los rasgos esenciales
en la estética de Klimt, centrado esencialmente en la mujer que
fue, a lo largo de toda su carrera la figura dominante. En ella –armonía
del mundo- centra sus esperanzas de conseguir esa anhelada felicidad y
liberación.
Este maestro vienés buscó afanosamente
la renovación del lenguaje pictórico, destruir lo antiguo
y crear lo nuevo –la destrucción creadora- y aunque
no consiguió abandonar el eclecticismo del que procedía
construyó un estillo propio basado en el simbolismo y la ornamentación.
El friso fue realizado con colores de caseína sobre fondo de yeso
y estuco con enrejado metálico e incrustaciones de piedras semipreciosas.
En
la exposición también tenemos la oportunidad de ver alrededor
de 50 dibujos preparatorio de lo que se conoce como pinturas para
las facultades -decoración del techo del Aula Magna de la
nueva universidad de Viena- que el estado le encargó junto a Franz
Matsch en 1894. Estas debían representar de forma didáctica
el triunfo de la luz de la razón sobre las tinieblas, el progreso
de la ciencia así como el triunfo de la ley. La concepción
y enfoque del tema que Klimt presentó distaba mucho del academicismo
de sus clientes que le acusaron de pornógrafo. La polémica
fue tal que acabó abandonando el proyecto. Los originales fueron
destruidos en un incendio de modo que sólo se conservan los tres
fototipos. La contemplación de éstos provoca una maravillosa
experiencia potenciada por el acierto de los organizadores de ampliarlos
al tamaño original en una cajas de luz a la entrada de la sala.
Mención aparte merece el catálogo de la
exposición y no sólo debido a que lo publique Prestel, una
de las más importantes editoriales alemanas, sino porque revisa
y pone al día los temas centrales en la obra de Klimt. Un amplio
glosario de artistas, periodistas y agitadores del fecundo y convulso
Viena de fin de siglo, así como una exhaustiva biografía
del artista y una escogida selección de textos de contemporáneos
como Hermann Bahr y su Contra Klimt –inéditos para
el lector español-, completan esta magnífica publicación.
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