Henri Cartier-Bresson. Las primeras fotografías
Sala de Exposiciones S. Benito. C/ S. Benito s/n (Valladolid).
Del 4 de octubre al 15 de noviembre de 2006
Por Ángela Rubio
Especialmente
atraído por la actitud rebelde del surrealismo se sumó a
ese deseo de erradicar la distinción entre la vida y el arte. Fue
un poeta de la imagen que quiso atrapar la vida y la esencia del mundo
que le rodeaba dejando fluir la espontaneidad de la experiencia, del momento.
Esto le llevó a crear un estilo fotográfico centrado en
la captación del instante decisivo. Dicha expresión
fue acuñada por un editor neoyorquino que titula así un
libro del artista basándose en una cita del cardenal Retz –"nada
hay en el mundo que no tenga un instante decisivo"- utilizada por
Henri Cartier-Bresson para encabezar una de sus fotografías.
Cartier-Bresson gozó, gracias a su intensa vida,
de innumerables ocasiones para captar instantes decisivos. Sus viajes
por los diferentes continentes le llevan a México, Camerún,
Alemania, Polonia, Austria, Checoslovaquia, Hungría, URSS y por
el Oriente más exótico: India, Birmania, Paquistán,
China, Japón e Indonesia. Estos viajes además, abren su
mente ayudándole a crecer como persona y como fotógrafo.
Tuvo la oportunidad de conocer diferentes religiones, diferentes maneras
de vivir la espiritualidad; así, del cristianismo se queda con
el amor y del budismo con la compasión. Ambos aspectos son protagonistas
de su obra. Buenos ejemplos de amor son, la fotografía de la pareja
en el agua o la de los bañistas posando y de compasión,
la fotografía del hombre de mirada perdida sentado junto a la pared
con su hija en brazos y otra muy similar de padre e hijo sentados tras
una reja.
Lo que se nos ha presentado en esta exposición
es una serie de fotografías en su mayoría tomadas en Italia,
Francia, España, México y alguna en
Marruecos y Cuba a comienzos de los años treinta. Todas ellas tienen
caracteres comunes; se trata de imágenes urbanas en las que aparecen
hombres, mujeres y niños en medios planos cargados de expresividad
y libertad. No importan las circunstancias, por muy adversas que sean
sus protagonistas son libres. Casi siempre en la calle porque ésta
es activa, verdadera, divertida y abierta a la creatividad compartida,
en la que todos podemos ser testigos y partícipes al mismo tiempo
de los instantes que componen nuestras vidas. Fotografías de hombres
no tanto como seres integrantes de una sociedad sino como personas humanas.
Henri Cartier-Bresson no creía en la sociedad, sino en el ser humano.
Y humanidad es precisamente lo que podemos percibir en la fotografía
de los dos muchachos fumando –en cuyos ojos es difícil ver
más viveza- o en la de esa madre con sus cinco hijos enfilados.
A lo largo de toda la exposición comprobamos
el interés de Cartier-Bresson por marcar los contrastes. Burguesía
y clase obrera están presentes en casi todas las fotografías,
incluso dentro de la misma instantánea. Sirva de ejemplo aquella
en la que aparecen dos hombres recostados en la hierba.
Del
mismo modo son numerosos los ejemplos de la captación del instante
decisivo. Para ello hay que estar despierto, vivo, alerta de todo
lo que sucede a nuestro alrededor y por supuesto, con la cámara
en la mano. En 1952 intenta explicar lo que para él era la fotografías:
"el reconocimiento simultáneo en una fracción de
segundo por una parte del significado de un hecho y, de otra, de
la organización rigurosa de las formas captadas visualmente y que
expresan ese hecho". Queda patente una de las cuestiones que más
le obsesionaban, el tiempo.
El acercamiento y conocimiento al Budismo le ayudaron
a encontrar una nueva visión del tiempo, descubriendo que no es
lineal y que lo que importa es el instante. La fotografía es un
medio de luchar contra el tiempo, de capturarlo. Así, en la imagen
de la escalera y del ciclista que pasa vemos la importancia del instante
preciso al apretar el disparador ya que justo un instante antes no tendría
se ntido
y un instante después tampoco. Lo mismo que en la fotografía
del hombre saltando a un charco en la que además el artista organiza
el espacio de acuerdo con lo que quiere expresar. Resulta asombroso que
a pesar de la espontaneidad de las escenas el resultado sea impecable
en términos de encuadre, composición, luz...Es evidente
que sus años de formación pictórica con su tío
y pintores como el cubista Andre Lhote, así como su trabajo de
ayudante en el film de Jean Renoir, Une partie de champagne,
le ayudaron a desarrollar un entrenamiento visual que dió como
resultado excelentes ejemplos de estudio formal cargado de geometría,
concentración y sensibilidad. En él, todo es pura búsqueda
de equilibrio y armonía.
Henri Cartier-Bresson será recordado como un
hombre capaz de inventar el mundo a través de su cámara
con la que capta el instante de la vida para preservarla. Su obra es grande
por ir más allá de sí misma y aproximarse a la conciencia
del arte en sí.
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