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Graciliano Barreiros, ingeniero y empresario luchador

por Julia Sáez-Angulo

Entrevista

         G.BarreirosFue a raíz del libro “Barreiros: El motor de España” de Hugh Thomas publicado en 2007, cuando le pedí una entrevista al ingeniero y empresario Graciliano Barreiros (Gundiás, Orense, 1927  – Madrid, 2014). Quería saber su opinión. Graciliano se resistía a la entrevista, alegando que ya no estaba en activo; del libro, sólo comentó que “había partes que estaban bien”. Era un hombre tan gallego, que dominaba la habilidad y cortesía para salir siempre del paso . Su esposa, la pintora y mecenas Mayte Spínola, abogaba por mi entrevista sin demasiado éxito; ella me invitó a comer ese día en su casa, por lo que Graciliano debió de pensar que no se iba a librar de mi objetivo. Al final del almuerzo accedió sin entusiasmo y pude extraer algunas declaraciones personales interesantes. Entré poco a poco con preguntas suaves sobre la familia Barreiros.

El Graciliano que yo conocí era un hombre sabio, cortés y generoso, aunque huidizo. De su humanidd y buen criterio para llevar la empresa de automoción hablan muchos de sus trabajadores, entre ellos el pintor José Luis Romeral, que estuvo empleado siendo muy joven en la fábrica de Villaverde Alto. “Era un hombre bueno, pero tenía su genio para imponerse. Sabía mandar”, dice de él Romeral.

   Tras el reciente fallecimiento y sepelio masivo de Graciliano Barreiros, cobra de nuevo actualidad esta entrevista.

– ¿Cómo influyó su madre, Luzdivina, en la personalidad de sus hijos?

Mi madre era una mujer excepcional, muy inteligente, muy trabajadora y muy religiosa, con fuerte personalidad y muy austera. Era muy buena organizadora del hogar y esa virtud organizadora nos la transmitió.

-¿Cómo era su padre?

Un gran ser humano, muy trabajador también, que emigró a Canarias vendiendo cedazos para áridos y, a su vuelta a Orense, compró con los ahorros su primer autobús y la licencia de una línea de autobuses, empezando así la empresa familiar de automoción. Muy pronto llegó a tres autobuses. 

– ¿Qué cualidades han heredado ustedes de él?

Su espíritu al trabajo bien hecho. Desde muy pequeños nos inició en los estudios y al mismo tiempo en distintas tareas de trabajo.

-¿De donde le venía a su hermano Eduardo su espíritu emprendedor?

De su creatividad y genialidad.

-¿Cómo influyó el medio gallego en el carácter de Eduardo?

Eduardo era el menos gallego de los hermanos en su manera de ser más extrovertida y más abierta.

-¿Cree que el modelo inaugurado por su hermano ha inspirado a otros empresarios gallegos de hoy

Las Empresas Barreiros fueron pioneras para otros empresarios y empresas familiares. Mi hermano Valeriano estuvo también desde el primer momento en la formación de la empresa en Orense y yo me integré enseguida, en 1952, cuando estaba a mitad de mi carrera de Ingenieros Industriales en Madrid. Cuando yo terminaba mis clases en la mañana, iba hasta Villaverde para trabajar con mis hermanos y los siete primeros empleados que tuvimos en los talleres alquilados del comienzo. Graciliano hermanos 2– ¿Cómo empezó todo?

Eduardo desde muy joven quiso trabajar y, como las personas geniales y creativas, inventó un pequeño vehículo: un carrito de dos ejes que se movía maniobrando una palanca actuando sobre el eje trasero con un rodamiento, imitando los juguetes para niños de aquella época. Era para que Valeriano y yo lleváramos y repartiésemos los productos caseros que llegaban en el autobús para distintas familias: patatas, queso, leche, mantequilla, etc. Lo coordinaba todo nuestra madre y así se ayudaba al peculio familiar. 

– ¿Cómo era la relación de los hermanos Barreiros?

Estábamos todos unidos, como una piña. Fue una infancia muy alegre; no teníamos ningún lujo pero no nos faltaba el cariño, el cuidado de nuestros padres; mi madre guisaba muy bien: lacón con grelos, empanadas… sin desperdiciar nada.

Valeriano y yo, en primaria, fuimos a la escuela pública de Orense; mis hermanas Mari y Luchi a la privada de las carmelitas. Posteriormente, cuando la economía familiar fue otra, mis padres nos mandaron a estudiar el bachillerato en academias. Y nueve años después – yo le llevaba diez- se pudo mandar a mi hermano menor Celso a los jesuitas de Vigo. Eduardo le llevaba diecisieta años a mi hermano menor.

-¿Qué recuerda sobre todo de sus hermanos?

Siempre hemos tenido una unión muy especial y mucho cariño.

-¿Les ayudaron desde las instituciones gallegas en los comienzos?

Mis padres no eran políticos. Nunca  hablaban de política, pero sí eran muy religiosos.

-¿Comenzaron a trabajar muy jóvenes?

Sí. Eduardo tuvo una experiencia joven en una herrería próxima a casa y posteriormente en el taller de automóviles junto a Manuel Cid, donde conoció más a fondo la mecánica del automóvil y en general la de los camiones. Más adelante Manolo Cid trabajó en Orense junto a Eduardo en el taller de la empresa familiar Barreiros. 

-¿Tuvieron alguna ayuda para Barreiros en Madrid?

La ayuda primera fue de mi padre y más delante de otras personas como por ejemplo el tío Manuel Rodríguez Sánchez, hermano de mi madre, otros parientes y amigos de Orense,  que confiaban en su actividad. Al principio del todo se compraban coches de segunda mano y Eduardo los reparaba y los revendía. 

– ¿Y usted, cuando empezó?

Empecé desde niño, a los 8 años, con mi padre como cobrador en el autobús y repartiendo al regreso a Orense los productos del campo que comercializaba mi madre, siempre fuera de las horas de colegio. A los 8 años ya recibí las primeras lecciones de mi padre para conducir el autobús cuando se quedaba vacío de viajeros. Después, como ya he dicho en Madrid, yo trabajaba al mismo tiempo que estudiaba.

-¿Cómo les afectó a ustedes la guerra civil de 1936-39?

En una época tan difícil como fue después de la guerra, por la escasez de gasolina y su enorme precio, que exigía en muchos casos la utilización de gasógeno para mover los autobuses, Eduardo tuvo la visión de reconvertir el motor de gasolina en diesel. Ahí comenzó la transformación de motores en Orense

Después se hizo en el taller de Orense con un motor de camión Krupp.

-¿Había inquietud de superación en sus padres?

Mis padres se preocuparon desde el principio para que todos sus hijos estudiáramos. En una reunión familiar se concretó y decidió que yo viniera a Madrid para intentar  ingresar en la escuela de Ingenieros Industriales. Eran muy pocos los ingenieros que salían al año y era una guerra para poder entrar en la escuelas. Me preparé en la Academia Peñalver, volcándome en los estudios. Disponía entonces de una radio de galena para oír música y con ella de fondo hacía los problemas. Y así logré ingresar.

Cuando hice el ingreso en la escuela de Ingenieros Industriales de Madrid, Eduardo con toda la familia se alegraron muchísimo en Orense. Fue en 1949. Era muy esperanzador para la incipiente empresa industrial de la familia, que pudiera tener un ingeniero.

En 1955 obtuve el título de ingeniero, yo ya estaba integrado en Barreiros Diesel en Madrid, trabajando al mismo tiempo con mis hermanos Eduardo y Valeriano.

-¿Fue tan eficaz esa unión de los hermanos Barreiros?

Muy importante. Éramos un clan; es sabido que la unión hace la fuerza. Barreiros era una unión de todos los hermanos y Eduardo era el jefe de filas.

La empresa Barreiros vino por primera vez a Madrid en 1952, a sugerencia mía, para una exposición siderometalúrgica de España en la Escuela de Ingenieros Industriales donde yo estudiaba, por eso, unos meses antes, les sugerí a Eduardo y Valeriano que vinieran con los motores Diesel para exponerlos en mi Escuela. La exposición fue un éxito. Supe que se alquilaban los talleres Gal en Villaverde Bajo (km. 7 de la carretera de Andalucía), que tenían muy buena maquinaria. Le dije a Valeriano que los viera y acabó alquilándolos por cincuenta mil pesetas al mes. En estos talleres comenzó Barreiros su actividad en Madrid. Valeriano siempre llevó los trámites administrativos y las finanzas de la empresa.

– ¿Cómo se divertía en Madrid?

La música de la radio de galena era mi gran diversión. No tenía ni tiempo ni dinero para otra cosa. Vivía en una casa particular en Atocha. Veía alguna película durante el fin de semana. Tenía buenos amigos de la Academia y a veces salíamos juntos. De cabarets, nada.

Nada de locuras. Al contrario, yo fui el primero que animé a Eduardo y a Valeriano a venir a Madrid para la exposicion de los motores Diesel en la Escuela de Ingenieros. Desde que llegué a la capital yo les mandaba con frecuencia libros o documentación técnica relacionada con los sistemas Diesel. Graciliano premios-¿Cómo se adaptó la familia en Madrid?

Muy bien. Primero vinieron Eduardo y Valeriano. Los tres vivimos, primero en una pensión en la calle Quintana y después alquilamos un piso en Ferraz. Más tarde viajó mi hermana Mari, que se incorporó a la empresa como cajera. Posteriormente vinieron Dori, la mujer de Eduardo con sus hijos Eduardo Javier y Mariluz. Por último, Celso y mis padres. Mi hermano pequeño, Celso, también ingresó en la Escuela de Ingenieros Industriales donde terminó la carrera en 1962.

Años después, nos trasladábamos todos a residir en el paseo Moret, 7. Eduardo, Dori y sus hijos y los tres hermanos solteros vivían en los dos pisos unidos del segundo. En el primero Mari, ya casada con Nacho Liniers,  y en el otro, mis padres. En total cuatro pisos de ese edificio.

Dori fue siempre una hermana para nosotros, organizaba toda la casa y nos mimaba a todos. Nuestros sobrinos, Eduardo Javier y Mariluz eran como dos hijos más de los tres solteros. Mariluz recuerda muchas veces que tenía tres padres más para lo bueno y lo malo. Éramos un verdadero clan.

En el piso de Moret me quedé yo posteriormente, cuando Eduardo se trasladó a Castellana, 68 y Valeriano a Puerta de Hierro al casarse con Marta Cotoner, condesa de Coruña. Allí viví los primeros años, cuando en 1963 me casé con Mayte Spinola y junto a mis tres hijas Grachya, Mayte y Rocío hasta que nos fuimos a la finca de La Escorzonera hace 30 años. Allí vivimos desde hace casi veinte años.

Celso se fue posteriormente a vivir a Somosaguas, cuando se casó con María José Juste.

Luchi, la más joven, se licenció en Químicas y profesó en el convento de las carmelitas de Santa Teresa, las Vedrunas de Orense. Después de llegar a ser superiora en varios conventos de España, llegó a Madrid, en la casa general, cosa que nos alegró para verla con más frecuencia. Luchi ha sido el bastión espiritual de toda la familia.

-¿Qué recuerdos tiene de la casa de Ferraz?

Sólo dormíamos en ella. El día y parte de la noche lo pasábamos en Villaverde, que iba creciendo progresivamente. Después del taller en Villaverde Bajo, en 1955 se compraron los terrenos en Villaverde Alto y allí se arreglaron algunas naves y se construyeron nuevas con un proyecto de instalaciones futuras. Con el tiempo el grupo Barreiros llegó a tener veinticinco (25.000) obreros en Villaverde. El grupo englobaba varias empresas, entre ella: Barreiros Diesel, Barreiros AEC Autobuses; Barreiros Hanomag Tractores.

-Cómo fueron recibidos en Madrid?

Nos hicimos respetar y todo el mundo quería trabajar con nosotros. La empresa tenía buena reputación. Los trabajadores convivían con nosotros los Barreiros y éramos como una gran familia. ¡Mientras estuvimos los hermanos Barreiros en la empresa, nunca hubo una sola huelga!

-¿Es cierto que trabajaban largas jornadas?

Mi hermano Eduardo era incansable y eso se contagiaba. Muchas noches hemos vuelto a casa de madrugada,  directivos y obreros. Había un gran equipo en el que se daba buena sintonía.

-¿Es verdad esa buena relación y convivencia con los obreros con los hermanos Barreiros?

Totalmente cierto. Se preparaban bocadillos para todo el mundo y se les daba sus gratificaciones. Nosotros estábamos con los obreros y ellos con nosotros.     Barreiros era una empresa de convivencia plena entre los mandos, directores que convivian mucho con los mandos intermedios y los obreros, Todos nos conocíamos por los nombres. Había una convivencia intensa muy humana. Vivíamos la fábrica como algo común de todos.Teníamos la organización empresarial que nos parecía mejor.

-¿Cómo era la estructura de la empresa?

Eduardo era el presidente, el jefe de filas. Valeriano, vicepresidente ejecutivo, responsable financiero del grupo; él estaba en las oficinas centrales situadas en la calle Alcalá, 30 y 32. Eran dos edificios con todas las oficinas centralizadas. Yo era el Consejero Delegado, que me ocupaba de la producción; vivía la fábrica: línea de fabricación, controles de calidad, proyectos y personal. Me ocupaba de seleccionar a ingenieros, economistas y demás… muchos de ellos compañeros de Escuela o amigos que llegaron a ser directores generales de empresa en Barreiros. Algunos de estos llegaron a desempeñar primeros puestos en el país como ministros o cargos de importantes presidencias, por ejemplo Pío Cabanillas, Iñigo Cavero, Juan Miguel Antoñanzas y otros muchos más, que han sido pilares en la historia contemporánea de España.

Mi hermano Celso era Director General Adjunto a la presidencia. Mi cuñado Nacho Liniers fue consejero de varias empresas. Todo lo hablábamos todos y discutíamos con toda naturalidad. Era la Dirección General comercial la que diseñaba con sus equipos las ideas de importación y exportación general.

-¿Qué avances sociales se hicieron en la empresa Barreiros?

Barreiros creó un servicio clínico bien equipado, con campañas  para prevención del cáncer de mama; jardín de infancia, parques infantiles… Lo que más preocupó a la empresa fue el tema social de la vivienda para los obreros, muchos de ellos llegados a Madrid de distintas provincias. Se quería que todo obrero de Barreiros tuviera una vivienda digna. La constructora Barreiros Empresa Constructora, Sociedad Anónima, BECOSA, construyó esas viviendas, además de otros edificios en todas las regiones españolas (Levante, Canarias, Andalucía…).

Allí en Barreiros entregamos las llaves de los pisos a muchos de nuestros obreros constuidos por nuestra empresa BECOSA. Era una gran satisfacción para nosotros.

Era una de nuestras mayores satisfacciones contribuir al desarrollo industrial del país y crear riqueza y puestos de trabajo. Sabíamos que todo eso conllevaba a la formación de una clase media importante en España.

-¿Qué tal se llevaban con la Administración del Estado? ¿Hubo algun nombramiento de políticos en Barreiros?

Tuvimos bastante trabas con la Administración. La política favorecía las empresas del INI.

Franco Salgado fue simplemente consejero al igual que algunas otras personas, nunca fue Consejero Delegado como apuntan algunos. Es un error. El Consejero Delegado era yo como ya he señalado.

¿Cómo se fundió Barreiros con la americana Chrysler?

Fue un acuerdo familiar tomado, porque nos pareció conveniente en aquel momento. Habíamos estudiado otras fusiones, pero Chrysler pareció lo mejor en 1963. La relación con los americanos fue razonablemente buena en la primera época. Después hubo momentos de tensión por diferentes criterios sobre las exigencias del mercado.

-¿Cómo se alejaron de Chrysler?

Como desde el principio en Orense, con acuerdo familiar, así salimos, dimitiendo  del Consejo y vendiendo la totalidad de las acciones a Chrysler. Habló Eduardo, como siempre, en nombre de toda la familia. Fue en 1969 si no recuerdo mal.  Fue una fecha histórica para la historia de la industria española. La noticia ocupó portadas de la prensa nacional e internacional.

Había una diferencia de intereses entre los americanos y nosotros. A los americanos les interesaban el automóvil y a nosotros el camión,  el tractor y el autobús. Se hubiera desarrollado un grupo de automoción fuerte nacional del vehículo industrial y del  mundo del motor en todas sus facetas marinas y terrestres.

– ¿Cómo estaba Eduardo Barreiros después de dejar la empresa?

No estaba para cantar flamenco, pero no estaba hundido. Era un hombre fuerte y soportó bien los hechos. Igualmente nos aconteció a los demás hermanos.

Teníamos la satisfacción de que Barreiros, mientras nosotros estuvimos, contribuyó efectivamente a divulgar el automóvil y potenciar una clase media en España.

Llegado este momento, en una reunión familiar, Eduardo nos manifestó su deseo, casi la necesidad por su parte, de tener un período de tiempo de descanso, un año sabático para descansar después de todos los acontecimientos sucedidos. Quería tomarse un tiempo prolongado de descanso. Nos pareció razonable porque humanamente lo necesitaba. Sintiéndolo mucho, lo comprendimos perfectamente. Nosotros, el resto de los hermanos, pensamos que debíamos continuar con las actividades y nuevas empresas. Con el capital recibido por la venta de acciones a Chrysler y la incorporación de Ratclif Ibérica, más algunas otras empresas que ya teníamos como TEYA, Terrenos e Inversiones, además de los edificio de la calle Alcalá se empieza de nuevo. Formamos el holding de Barreiros Hermanos: Valeriano era el presidente del Grupo yo, vicepresidente primero; Celso, vicepresidente segundo y Nacho Liniers, marido de Mari, Consejero Delegado. Tuvimos la satisfacción de crear muchos puestos de trabajo en diferentes áreas. Este nuevo grupo tiene las oficina en la calle Alcalá 30 y 32, donde siempre había estado Valeriano, aunque también tenía su despacho en la fábrica de Villaverde.

En Racliff Ibérica, que la había creado yo en los años 60, se hacían ballestas, muelles de calidad, asientos… suministrados a Barreiros Diesel y a varias empresas de automoción. En la parte industrial se crea a continuación Forjas de Orense, en el polígono industrial de Orense; en Zaragoza, una fábrica de carretillas elevadoras; en La Línea de la Concepción, varias fábricas de conservas: aceitunas, pimientos y otros productos; Frigoríficos de Galicia, en Vigo, con productos de mar: anchoas, berberechos, etc; TEISA desarrolla nuevas  urbanizaciones en Mallorca, Canarias, Levante, Madrid, etc Se logrçó un holding de unas 26 empresas. Y además los Barcos de Pesca en el mundo entero, que desgraciadamente una ley internacional restrictiva de limitación costera de la pesca,  provocó el paro de actividad en este sector. Nos dio el gran palo.

-¿Cómo fue la marcha de Eduardo Barreiros a Cuba?

Lo hizo porque ganó un concurso de motores compitiendo con la Unión Soviética. Si lo hubiera ganado en otro país, se hubiera ido igualmente. Nos dio mucha pena que se fuera de España. Siempre quisimos que volviera y estábamos con esa ilusión. Desgraciadamente murió quince días antes de la boda de su hija Mariluz con Jesús Polanco.

El trabajo de Eduardo en Cuba fue muy positivo para el futuro del país. Eduardo era, primero muy humano; segundo, generoso y un gran emprendedor con mucho ingenio. Era un hombre al que le interesaba el trabajo, su familia y la caza. A Eduardo no le interesaba el dinero como tal. Lo suyo era la creatividad, su familia y su trabajo.