Discos

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David Refoyo: “Donde la ebriedad”

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A partir del juego con el título de la obra de Claudio Rodríguez, en Donde la ebriedad, David Refoyo (Zamora, 1983) lleva más allá el trabajo experimental con la palabra y con Más»

Eduardo Arroyo, le retour des croisades

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Me atrevería a decir que esto es un reencuentro de íntimos amigos. Lo primero que ha hecho Eduardo Arroyo en la presentación de la exposición que tiene en Bilbao ha sido reconocer Más»

Museo Thyssen 25 Aniversario

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Se ha dicho que una de las cosas que más lamentó Margaret Thatcher durante su gobierno fue el no haber conseguido que la colección Thyssen se quedara en el Reino Unido. También Más»

Cómo vivir en el campo, el juego de crear

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Cómo Vivir En El Campo es un trío (Pedro Arranz, Miguel Breñas y Carlos Barros) de Madrid que, tras varios CDs autoeditados en sus inicios, publicaría en 2012 su primer largo, CVEEC Más»

Missing o los cuerpos perdidos

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Discos

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Doris Salcedo: “Palimpsesto”

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Jan Morris: “Trieste o el sentido de ninguna parte”

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No es una casualidad que este verano haya leído Trieste o el sentido de ninguna parte porque me gusta la literatura de viajes, lo que es una casualidad es que ahora, escribiendo Más»

Sarah McKenzie, música como mantra

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Hace tres años y medio que la cantante y pianista Sarah McKenzie participó en el concurso Umbria Jazz Festival: fue premiada con una beca especial para a asistir la icónica facultad Berklee Más»

 

Guillermo Cabrera Infante: “Mapa dibujado por un espía”

por Mercedes Martín

Galaxia Gutemberg, 2013

En 1961 Fidel Castro pronunció su discurso “Palabras a los artistas”, donde informó de que la Revolución traía la mayor libertad y, a renglón seguido, advirtió de que “…el artista más revolucionario sería aquel que estuviera dispuesto a sacrificar hasta su propia vocación artística por la Revolución”.

Cabrera InfanteGuillermo Cabrera Infante tenía 36 años cuando recibió la noticia de que su madre estaba enferma. Estaba en Bruselas, haciéndose cargo de la agregaduría cultural de la embajada de Cuba en Bélgica y, a toda prisa, cogió el primer vuelo rumbo a La Habana. Al llegar, tras un largo trayecto, lo único que pudo hacer fue asistir al entierro. Pero allí no encontró a los que eran, sino en cierto modo a otros. A algunos no los conocía, otros estaban muy cambiados: los jóvenes parecían viejos, los viejos parecían a punto de desaparecer y su madre ya no estaba. Recorrió las calles conocidas, que ahora le parecían ruinas, y contempló bajo el sol de junio los comercios cerrados y las caras que pasaban sin mirarle. El tiempo había pasado.

Mapa-dibujado-por-un-espíaEl lector siente que aquí se narran dos historias principales, que intercambian su importancia a lo largo del relato. Una es la inocencia perdida, representada en la muerte de la madre, y esa Cuba de la infancia y la juventud, perdida para siempre. Otra es el efecto de la revolución cubana, que parece haber detenido el tiempo. El tiempo ya no corre y los sucesos esperados se aplazan indefinidamente. Mientras su mujer Miriam Gómez espera su vuelta en Bruselas, el autor, encerrado en el tiempo de la isla, se dedica a conversar con sus antiguos amigos y a cortejar mujeres, a la espera de que las cosas cambien. Para colmo, el régimen castrista tiene su propia lógica y en medio de ella la razón no vale. Los designios del gobierno solo él los conoce y es inútil hacer planes o esperar lo probable. En este ambiente propicio para el realismo mágico, se desatan misteriosos presagios. El primero, el mismo día del entierro de su madre: estando en la terraza, ve en la calle algo raro, la gente carece de vitalidad. El segundo: cuando quiere regresar a Bruselas, a punto de subirse al avión, una llamada del ministro sin más explicaciones le impide salir. En los cuatro meses que estará retenido en Cuba, Cabrera Infante podrá conocer la paranoia del totalitarismo: el espionaje, la delación y las desapariciones. Corre el año 1965.

Mapa dibujado por un espía es el relato, de unas trescientas páginas, donde Cabrera Infante cuenta lo que le ocurrió en el verano de aquel año. Lo cuenta con un estilo indirecto, como si le hubiera pasado a otro, pero suena tan directo como la declaración de un testigo. No lo publicará en vida. En su lugar, su mujer, siete años después de la muerte del autor, enviará el sobre con el manuscrito a los editores.