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Botero: La sensualidad está en la curva

por Alberto López Echevarrieta

Museo de Bellas Artes de Bilbao, del 8 de octubre de 2012 al 20 de enero de 2013

Ochenta obras –de ellas una monumental escultura- componen la primera retrospectiva dedicada en España al más conocido artista latinoamericano, Fernando Botero. El Museo de Bellas Artes de Bilbao, gracias al patrocinio de BBK y con Lina Botero, hija del artista, como comisaria, ofrece una colección que resume los últimos sesenta años del pintor y escultor colombiano. La muestra, gestada hace dos años por el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna y el director de la pinacoteca vasca, Javier Viar, tiene como antecedente otra clausurada recientemente en el Palacio de las Bellas Artes de México, donde fue contemplada por casi 250.000 personas. A decir de sus organizadores, es el acontecimiento más sobresaliente de la historia de este museo.

El chico de las viñetas

Fernando Botero (Medellín, Colombia) tiene 80 años muy bien llevados. Aspecto galanesco, sensible a los acontecimientos mundiales y accesible en el trato. Da la impresión de que está de vuelta de muchas cosas. Empezó a trabajar con 16 años en el diario “El Colombiano” de su ciudad natal, donde era el chico de las viñetas. Cada día hacía su crítica mordaz como hoy la hace Forges, sin ir más lejos. Al poco fue galardonado en el Salón Anual de Artistas Colombianos y se trasladó a Madrid donde estudio en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Aún recuerda sus frecuentes visitas al Museo del Prado para extasiarse con sus maestros Leonardo, Rubens y Velázquez. Aquello le dio alas para viajar por Francia e Italia y aprender de los renacentistas. Luego México, Nueva York…

Desde el pasado 20 de setiembre y como punto de arranque a la muestra que comento, la capital vizcaina luce un singular reclamo en su Gran Vía: La monumental escultura Caballo con bridas del mismo autor, un magnífico bronce de más de tres metros de altura y un peso de 1.610 toneladas, que se ha convertido en pocos días en el monumento más fotografiado.

La exposición pictórica que se ha montado con el comisariado de su hija Lina y gracias al patrocinio de la Fundación BBK,  ocupa varias salas de la pinacoteca bilbaína, correspondiendo su contenido a las distintas etapas del artista y que demuestran el camino recorrido desde sus primeros trazos a ese estilo tan propio que le caracteriza. Observando los cristales de sus gafas de concha, perfectamente circulares, uno piensa que él ve el mundo pleno de curvas, unas curvas que le dan a la vida un punto de voluptuosidad.

El placer de su compañía

Las ocho obras que recoge la primera sala pertenecen a la Época Temprana del artista, cuando todavía no había marcado su lenguaje propio. Dos de ellas, El niño de Vallecas (132×141) y Niña a caballo (135×126), denotan su admiración velazquiana. También está su particular Ecce Homo (194×141), cuyo rostro provoca alguna sonrisa maliciosa habida cuenta la actualidad española. La sección más amplia es la que dedica con especial cariño a su Latinoamérica, donde encontramos personajes, como esa imposible Bailarina en la barra (164×116) o El baño (249×205) en que la sensualidad está patente. Él la justifica: “La sensualidad es la fuente principal de placer y constituye la contribución del artista a la realidad. Por eso está presente en mis obras”.

Las siete pinturas recogidas en sala Religión y el clero descubren una faceta oculta de su autor: “No me considero una persona religiosa, pero entiendo que es un tema ennoblecido por el arte. ¿Sabe usted que en el siglo XXI no hay manifestaciones religiosas? La última serie que he preparado y que pronto se verá en Lisboa, está dedicada al Vía Crucis”.

Capítulo aparte merece El circo, como dice “porque para el pintor es una fuente inagotable de temas. Piense que en la vida real todo el mundo se viste de gris o negro. Cuando entras en un circo te sientes invadido por una corriente de color. Chagall y Picasso, por solo nombrar a dos, también se sintieron atraídos por el “más difícil todavía”. Yo también, pero le doy un toque personal”. En otro sector ofrece sus propias versiones de pinturas de Le Brun, Van Dyck, Rafael, Ingres, Goya… Son doce maestros a los que el artista rinde homenaje de esta forma.

Durante el recorrido por las salas, Botero se para ante el tríptico dedicado a la prisión de Abu Ghraib, donde, en 2004, soldados estadounidenses torturaron atrozmente y asesinaron a prisioneros iraquíes. “La noticia me impactó, como ya antes lo había hecho la violencia en mi país. Pinté estos óleos lleno de ira y sentimiento. Entiendo que el arte no tiene poder para producir cambios sociales o políticos, pero sí tiene el poder de perpetuar en el tiempo la memoria de un episodio. El mundo recuerda el bombardeo de Gernika porque Picasso lo pintó. Lo mismo sucedió con Goya y los Fusilamientos del 3 de mayo. El arte sirve como testimonio que perdura en el tiempo y en la memoria colectiva”. Confiesa no haber sufrido represalias en Estados Unidos “porque allí, a pesar de todo, hay democracia”.

El toreo no debe desaparecer

“Este es mi cuadro preferido”, me dice parándose ante el Caballo de picador (190×234), un óleo sobre lienzo que domina la zona dedicada a La corrida. Advierto en él una admiración por los toros. “Es que en una corrida de toros el pintor encuentra muchos motivos plenos de colorido y movimiento”. Le pido su opinión sobre los movimientos antitaurinos: “No creo que vayan a progresar mucho. Ya sé que puede resultar un espectáculo cruel, pero hay muchas cosas en la vida que son tan crueles o más que esa. El toreo es un arte y como tal no debe desaparecer. Es una cosa muy ligada a la historia de España y totalmente arraigado a este país. Sería una ruina eliminarlo. Espero un momento de serenidad mental”.

Pasados los seis cuadros taurinos entramos en la sala dedicada a la Naturaleza muerta compuesta por nueve cuadros, jarrones y bodegones preferentemente, algo que puede parecer convencional. Se defiende: “El arte es la posibilidad de decir lo mismo, pero de una manera diferente. La madurez de un artista se produce cuando es capaz de aportar a la historia del arte una visión distinta y coherente”. Coincidimos en que el arte no está en su momento más glorioso: “Hay algunos que apuntan que el video es el futuro. Mire, la pintura no puede desaparecer. Se ha dicho mucho con los pinceles, pero puede decirse más. Y en eso estamos”