“Alarde de tonadilla. Una historia de la copla” en el Teatro Tribueñe de Madrid

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Die tote Stadt, la ópera de un veinteañero

por Alberto López Echevarrieta

Palacio Euskalduna, de Bilbao, 21, 24, 27 y 30 de abril de 2012

Die tote Stadt es el título de la ópera que estrena ABAO (Asociación Bilbaina de Amigos de la Ópera) en su penúltima función de la temporada actual, una obra moderna compuesta por Erich Wolfgang Korngold (1897-1957) cuando tenía poco más de veinte años. Este autor, que fue todo un niño prodigio, alcanzó su máxima popularidad en el mundo del cine al componer una veintena de bandas sonoras musicales para otras tantas películas llegando a conseguir dos Oscar de Hollywood. Dedicó toda su vida a la música, desarrollando su labor adulta en Estados Unidos gracias al exilio producido por la anexión de Austria por los nazis.

El autor

Nacido en el imperio Austro-húngaro, Korngold desarrolló sus estudios y realizó sus primeros trabajos en Viena donde desde muy niño demostró tener unas cualidades excepcionales para la música. Su padre, Julius Korngold, un acreditado e influyente crítico musical del Neue Freie Presse, fue su asesor en las primera óperas que compuso en la edad de la pubertad y adolescencia. En Die tote Stadt fue, incluso, su co-libretista.

No es extraño que Erich Wolfgang, que siempre se movió por los escenarios, conociera al gran director teatral Max Reinhardt, director que fue del Deutscher Theater, con quien colaboró en unos montajes que supusieron toda una revolución escenográfica que luego adoptaron los principales teatros del mundo. Uno de ellos, el de la obra El sueño de una noche de verano, fue adaptado al cine en 1935 por la productora Warner Bros. En su preparación, Reinhardt exigió que la partitura musical de aquel film la llevara a cabo su amigo Korngold, por lo que éste fue llamado a Hollywood para realizar el trabajo.

Aquel contrato le vino muy bien al compositor, ya que la anexión de Austria a Alemania llevada a cabo por los nazis le ponía en una situación harto embarazosa. Erich Wolfgang marchó a Estados Unidos con un contrato por tres años, estancia que luego se prolongó de por vida. Durante este tiempo, compuso las bandas sonoras de una veintena de películas, cuyas músicas se diferenciaban mucho de lo que se hacía habitualmente en Hollywood. Eran auténticas sinfonías que sólo clásicos con Max Steiner solían realizar.

Su primer gran éxito popular en el cine le llegó de la mano de El capitán Blood (Michael Curtiz, 1935) donde compuso una espléndida partitura que mereció todos los aplausos, aunque fue al año siguiente con El caballero Adverse (Mervyn Le Roy, 1936) cuando consiguió el primer Oscar de su carrera. No se prodigó mucho en el cine a favor de otras obras sinfónicas, pero todo lo que hizo ha quedado como modelo de acompañamiento de imágenes cinematográficas. Juárez (William Dieterle, 1939), El halcón del mar (Michael Curtiz, 1940) y La vida privada de Elizabeth y Essex (M. Curtiz, 1939) son ejemplos, aunque su obra máxima para el cine fue Robín de los bosques (M. Curtiz y William Keighley, 1938) con la que consiguió su segundo Oscar.

Erich Wolfgang Korngold forma parte de la historia de la música como un pianista y un compositor extraordinario.

La obra

En sus dos estrenos simultáneos el 4 de diciembre de 1920 en Hamburgo y Colonia, Die tote Stadt significó el afianzamiento de un autor muy joven al que antes se le había acusado de estar bajo la influencia profesional paterna. Demostraba ser un gran modernista, aunque con posterioridad se le acusó de haberse quedado estancado hasta el punto de que murió convencido de que el mundo de la música le había dado la espalda o simplemente que todos le olvidaron. Sin embargo, sus bandas sonoras para el cine, por ejemplo, se siguen reeditando como joyas maestras que son y esta ópera continúa representándose con éxito.

El libreto de Die tote Stadt, firmado con el pseudónimo de Paul Schott, es original de los Korngold, padre e hijo, y está basado en la novela Brugges-la-morte, de Georges Rodenbach y su obra de teatro Le mirage en la traducción al alemán de Siegfred Trebitsch. El título, que se traduce como La ciudad muerta, hace referencia al ambiente obsesivamente decadente de una ciudad como la flamenca Brujas, que fue capital de singular importancia en la época medieval para convertirse en una añoranza de ese pasado esplendoroso.

Los intérpretes

La versión que ahora se nos ofrece es una producción del Wiener Staatsoper y Salzburg Festspiele y la protagonizan los norteamericanos Emily Magee en el doble papel de Marie y Marietta, y Robert Dean Smith como Paul. La soprano, que ha trabajado a las órdenes de directores tan acreditados como Baremboim, Muti, Melita, etc., tiene un amplio repertorio con obras que van de Britten a Zandonai, habiendo conseguido un destacado éxito con la obra de Korngold en la Ópera de San Francisco. Smith, por su parte, es un tenor de voz potente y flexible, que dejó un excelente recuerdo en su última actuación en Bilbao.

Junto a ellos el barítono finés Tommi Hakala formado en la acreditada Academia Sibelius, de Helsinki, y en la de Karlsruhe. Sus pasos por el Metropolitan, la Ópera de San Francisco, Dresden y Tel Aviv han sido siempre brillantes.

Completan el reparto Christa Mayer (Briggita), Marisa Martins (Lucienne), Marta Ubieta (Juliette), Manuel de Diego (Victorin) y Peter Gijsbertsen (conde Albert). La dirección escénica es de Willy Decker. Intervienen el coro infantil Leioa Kantika Korala, dirigido por Basilio Astúlez, y el Coro de Ópera de Bilbao a las órdenes de Boris Dujin. Todos ellos bajo la batuta de Erik Nielsen, que debuta en Bilbao.