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Victor Vasarely, la armonía proporcional

por Alberto López Echevarrieta

Sala BBK de Bilbao, del 14 de marzo al 5 de mayo de 2012

Las veintitrés obras de Victor Vasarely (1906-1997) que se pueden ver en Bilbao constituyen una oportunidad para revisar el interesante trabajo de este artista húngaro que, a mediados del siglo pasado, anticipó las investigaciones acerca del movimiento, la luz y el color. La muestra, en palabras de la comisaria Martine Soria, tiene como objetivo “descubrir a un creador comprometido, apreciar y disfrutar su manera de concebir el espacio, organizando de forma sistemática las superficies, jugando con las formas geométricas, la luz, los degradados y los contrastes de color”.

El artista

Victor Vasarely, nacido el 9 de abril de 1906 en Pécs (Hungría), se formó inicialmente en la Academia Podolini Volkmann para estudiar luego con Alexander Bortnyik en la acreditada Academia Mühely, considerada como la Bauhaus húngara. No es extraña esta loa, ya que Bortnyik, gran experto internacional en técnicas publicitarias, fue alumno de Josef Albers y Moholy-Nagy, dos de los más prestigiosos maestros del famoso instituto creado por Walter Gropius.

Tras el éxito de su primera exposición en Budapest, Vasarely se instaló en París donde realizó creaciones publicitarias para las agencias Havas, Draeger y Devambez, labor ésta que supuso un salto cualitativo en la creación de formas que le llevarían poco después a desarrollar una técnica muy personal en la expresión figurativa al decantarse por el arte abstracto geométrico y constructivo.

La obra del artista húngaro, que destacó por sus experimentos en los que jugaba un papel predominante la perspectiva sin puntos de fuga,  tuvo un magnífico eco tras la primera exposición personal que hizo en 1944 en la Galería Denise René, de París, a la que le sería fiel durante varias décadas. A partir de entonces consiguió premios internacionales y un desfile por los más acreditados escenarios hasta la creación de un museo propio en su ciudad natal.

Victor Vasarely murió el 5 de marzo de 1997 en París dejando una extensa obra repartida por las pinacotecas e instituciones más destacadas del mundo.

La exposición

La obra de Vasarely ha venido a Bilbao tras la retrospectiva que el año pasado le dedicó la Galería Lahumière, de París. La exposición, acertadamente montada, ofrece un conjunto de obras realizadas entre los años 1948 y 1991 basadas en desviaciones de las líneas o en las deformaciones de superficies regulares que provocan ilusiones axonométricas. Hat C (1971) en vinilo y cartón, por ejemplo, es un hexágono cubular de enorme atractivo. Las distintas tonalidades de un mismo color y las formas concéntricas proporcionan al conjunto una gran fuerza visual. Algo semejante a lo que ocurre con Boglar II (1966), con los mismos materiales, donde vemos un rombo con un cuadrado central formados por diminutos círculos y cuadrados en tonalidades azules y verdes cuyas intensidades van intensificándose.

Una de los trabajos más espectaculares es Quazar-Zett (1965-1971), en acrílico y lienzo. La obra es un cuadrado perfecto un metro de lado y cuarteado con otro cuadrado integrado en el centro. Las formas geométricas que componen cada uno de ellos juegan con las luces y las sombras, los tonos más o menos intensos, hasta conformar un conjunto de un atractivo muy singular. En la misma línea está Oltlato (1973-1975), en vinilo y cartón, un ejercicio de  transformaciones que produce un efecto visual en relieve.

Posiblemente la obra más sobresaliente sea Terries II (1973-1975), en acrílico y lienzo, en la que las armonías proporcionales componen una escala móvil de diferentes tamaños. Aquí el artista juega con el espacio creando una ilusión óptica a través de formas y tonalidades de muy agradable visión. Esta muestra nos sirve para hacernos una idea de la evolución sufrida por Vasarely a través del tiempo. Hay una diferencia notable entre las obras de finales de la década de los años 40 y principios de los 50 al trabajo realizado mediados los años 60, cuando sus figuras geométricas adquieren ya una consistencia admirable. Empiezan ya las representaciones rigurosamente geométricas, muchas de ellas plasmadas en blanco y negro, caso de Bellatrix M. V. (1957-1960) en vinilo y cartón, Procion (1959) en oleo y lienzo, y Wou (1961-1972) en acrílico y madera,  para pasar luego al color y conseguir unos cromatismos ciertamente admirables.

La exposición se completa con la presencia de un ejemplar de Octal, un libro con texto de Michael Butor y nueve ilustraciones de Vasarely, editado en 1972 y que tuvo una tirada de 850 ejemplares.