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Pablo Díaz Morlán: Horacio Echevarrieta, empresario republicano

por Alberto López Echevarrieta

Muelle de Uribitarte Editores / Bilbao 700, Bilbao, 2011. 172 páginas

Dentro de su serie “Bilbainos recuperados”, Muelle de Uribitarte Editores y la Fundación Bilbao 700 acaban de publicar el volumen titulado Horacio Echevarrieta, empresario republicano original de Pablo Díaz Morlán. Se trata de un estudio pormenorizado de la vida y obra de uno de los prohombres de la industria vasca, pero también el creador de las empresas nacionales Iberdrola, Iberia y Cementos Portland, por sólo citar tres sobradamente conocidas. Suyas fueron las iniciativas del Ensanche bilbaíno, la Gran Vía de Madrid y el Metropolitano de Barcelona.

El personaje

Horacio Echevarrieta (1870-1963) se hizo de oro hace ahora un siglo, en la época del “boom” de la siderurgia vizcaína, cuando el comercio de mineral entre Bilbao y el Reino Unido amasó grandes fortunas. Por aventurera, su vida suele ser comparada a la de los grandes magnates Howard Hughes y William Randolph Hearts. Sus mansiones guardaban obras de Goya, Van Gogh, El Greco, Gauguin, Renoir, Canaletto, Zuloaga, Mogrovejo, Regoyos, etc. De su padre Cosme Echevarrieta –con calle en Bilbao-, heredó una ambición y suerte en los negocios con los que alcanzaría notabilísima influencia, hasta llegar a ser amigo personal del rey Alfonso XIII a pesar de sus ideas republicanas.

El libro sitúa a la familia Echevarrieta en aquel Bilbao de un convulso siglo XIX, con sus guerras carlistas y sus sitios. Al jefe del clan, Cosme, moviéndose de negocio en negocio, buscando minas de hierro en Álava, Navarra o Zaragoza o petróleo en Burgos. Todas estas intentonas, que acabaron en fracasos, no le hicieron desistir a la hora de emprender nuevas aventuras financieras que las culminaría su hijo Horacio.

Éste, al quedarse huérfano, se limitó a seguir los pasos de su padre, pero en cuanto cogió confianza comenzó una expansión y diversificación de los negocios familiares que no tuvo parangón y que no frenó hasta la llegada de la crisis de los años 30. Todo empezó con la carga de mineral vizcaino en la flota de barcos que heredó y a la que fue sumando buques, hasta convertirse en la quinta naviera de España por capacidad de carga. Entró en el sector eléctrico adquiriendo la sociedad Saltos del Ter que permitía el abastecimiento de energía a Barcelona y sus alrededores fabriles. En 1908 empezó la búsqueda de mineral en el norte de África cuando España estaba a punto de entregar el país a Francia como protectorado. Dos años más tarde tomó el control de la empresa Cementos Portland que abastecía el creciente mercado inmobiliario de Madrid.

Su poder económico le llevó al político y en mayo de 1910 estrenó su cargo como diputado por Vizcaya. El comienzo de la I Guerra Mundial fue el comienzo de una nueva y brillante etapa en la contabilidad de don Horacio: Inglaterra demandó más que nunca mineral de hierro. La ocasión se aprovechó y el empresario multiplicó su fortuna. Adquirió los arruinados Astilleros de Cádiz y los modernizó poniéndolos de nuevo en marcha. En 1917 se retiró de la política activa. No es cuestión de enumerar los negocios que controló Horacio Echevarrieta, pero no se puede pasar por alto su participación en el desarrollo tecnológico y en la construcción de submarinos en la década de los años 20, cuando la leyenda le incluye en tramas de espionaje junto a Wilhelm Canaris, que llegaría a ser jefe de los servicios secretos de la Wehrmacht alemana.

Se ha hablado mucho de la construcción de la Gran Vía madrileña, sobre todo al conmemorarse su centenario, pero apenas si se ha comentado que, tras dejarla un inglés a medio hacer, fue Horacio Echevarrieta quien continuó las obras con la ayuda del arquitecto Secundino Zuazo.

Hay un pasaje en la vida de este magnate que merece especial mención: En 1921 la acción militar del general Silvestre contra el líder marroquí Abd el Krim desembocó en el desastre de Annual y la matanza del Monte Arruit, en el Norte de África. Trescientos treinta y seis soldados españoles cayeron en poder del moro. Su rescate planteó serios problemas. Echevarrieta se ofreció como rehén a cambio de que los dejaran en libertad, pero Abd el Krim quería dinero, cuatro millones de pesetas de los de la época. El empresario vasco aportó esa cantidad de su bolsillo, cantidad que fue entregada en duros, porque los marroquíes no se fiaban de los billetes. Se produjo el canje y el 27 de enero de 1923 los 336 soldados fueron embarcados en el buque “Antonio López” y devueltos a la península. La acción de don Horacio fue muy aplaudida, incluso por el rey que, para premiar su conducta, le ofreció el título de Marqués del Recate a lo que el vasco renunció agradecido haciendo honor a sus ideas republicanas.

Como puede imaginar el lector, la biografía de este singular hombre no puede ser más novelesca. Curiosamente la estrella de este republicano se apagó cuando se instauró la República en España. Pasó por la cárcel, donde fue compañero de celda de Santiago Carrillo; durante el franquismo perdió la compañía Iberia al nacionalizarse y sus astilleros de Cádiz quedaron destruidos por la explosión de un polvorín. Don Horacio se retiró a su finca de Munoa, en Barakaldo, donde, olvidado, murió de una dolencia en el hexófago.

El autor

Pablo Díaz Morlán (Bilbao, 1968), autor de este magnífico trabajo de investigación, es profesor titular de Historia Económica de la Universidad de Alicante, donde imparte docencia desde 1997. Por su especialización y las decenas de artículos que ha escrito en torno a las empresas y empresarios españoles en revistas especializadas nacionales y extranjeras, y los libros que tiene publicados sobre la reconversión industrial en España, es un profundo conocedor del mundo empresarial. Es autor de una tesis doctoral sobre Horacio Echevarrieta, lo que equivale a decir que el tema no le viene de nuevo, sino que ha ido madurándolo hasta materializarlo en este libro perfectamente documentado, ameno y que cumple con la idea central de los editores, rescatar del olvido a bilbaínos a los que el tiempo y las circunstancias han apartado del sentir popular.

El libro nos muestra a un hombre con una muy singular visión de los negocios al que la época en que vivió ayudó a amasar una de las mayores fortunas que han existido en España. Pero también nos presenta a un ser muy humano, amante de las artes, próximo a los obreros, que vio una época de esplendor y que se hundió cuando llegaron los suyos al poder. Paradojas de la vida.