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Ghirlandaio y el Renacimiento en Florencia

por Carmen González García-Pando

Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid. Del 23 de junio al 10 de octubre de 2010

Giovanna Tornabuoni

Historia de un retrato

En 1486, con apenas dieciocho años, Giovanna degli Albizzi,  perteneciente a una de las familias más importantes de la ciudad, contrajo matrimonio con Lorenzo, otro jovencísimo noble de la localidad, de la familia Tornabuoni y emparentado con los Médici. Los esponsales se celebraron con tal majestuosidad que un siglo más tarde se escribía sobre dicho enlace. Incluso muchas obras de arte están relacionadas con esta ceremonia como es el caso de los frescos encargados a Botticelli para la casa de campo de la familia.

Todo parecía augurar una vida plena pero, dos años después, y durante su segundo parto, Giovanna falleció. Según algunos historiadores, el retrato de la joven dama fue un encargo del marido a su amigo y gran maestro del momento, el pintor Domenico Ghirlandaio. Un retrato que le permitiera “recordar y honrar para siempre la memoria de su esposa, y que reflejara no sólo su belleza exterior sino también la interior”. Para otros investigadores esta obra es anterior y pudo servir de modelo para la pintura al fresco de Santa Maria Novella. Sin embargo es más fácil decantarse por la primera opción pues la fecha que aparece en números romanos en el cuadro es precisamente la de su fallecimiento.

Fuera como fuera  el caso es que Ghirlandaio, basándose en los cánones de la medallística y la Antigüedad clásica, llevó a cabo un retrato sencillamente magistral que resume el espíritu florentino de la época: elegancia y sofisticación unidas a la verosimilitud y fidelidad al retratado. Tanto la composición como el tratamiento lineal de la figura, la estilización y perfección de facciones de la dama, nos revela la intencionada voluntad del pintor a la hora de realizar un retrato claramente dignificado e idealizado. Por si cupiera alguna duda, Ghirlandaio escribe lo siguiente: “ARS VTINAM MORES / ANIMVMQVE EFFINGERE / POSSES PVLCHRIOR IN TER / RIS NVLLA TABELLA FORET”; (“¡Ojalá pudiera el arte reproducir el carácter y el espíritu! En toda la tierra no se encontraría un cuadro más hermoso”). La frase sacada de un epigrama del poeta Marcial y escrita  por el propio pintor sobre un “cartellino detrás de la figura, hace referencia no sólo a las virtudes de la joven Giovanna, sino también a la capacidad que tiene la pintura para transmitir belleza y emoción.  Es curioso destacar cómo el pintor resalta la presencia del texto valiéndose de un juego de perspectiva artificioso por el que parece que dicha cartela está suspendida en el aire. Así logra que el espectador dirija su mirada hacia ella y hacia el interior de la alacena.

Sobre un fondo neutro y oscuro que resalta la elegancia de la joven, Ghirlandaio colocó a la muchacha de riguroso perfil en una pose típica del Quattrocento. La situó sobre estructuras geométricas, una pirámide para el cuerpo, ángulo recto para su brazo, eje axial en mitad del cuadro. Incluso la alacena del fondo está enmarcada en un cuadrado. Todo el conjunto se hace eco de una perfección ideal, de un meticuloso estudio matemático en el que cada elemento está perfectamente situado y relacionado con el resto. Una serie de líneas trazan el esbelto cuello y dibujan un cuerpo de inexpresivas y perfectas facciones. Los complementos que acompañan a la muchacha hacen alusión a la perfección de la joven. Así por ejemplo, la hilera de cuentas de coral –que se ha identificado como un rosario- simboliza el amor a Cristo; mientras que las joyas y el libro de horas hacen referencia a momentos importantes de su vida, a sus aficiones y rectas costumbres.

No es descabellado imaginar que el artista, proclive a las alusiones esotéricas, no sucumbiera a la tentación de transformar el retrato en un anagrama, un homenaje a la pareja y a la aflicción del marido. Si se observa detenidamente la obra, nos percatamos que el perfil de la esposa y la balda superior, forman un T del apellido del esposo (Tornabuoni) y se entrelaza con otra inicial, L (nombre de pila de Lorenzo) delineada por los perfiles de las molduras de la hornacina. Es decir, una L y un T entrelazadas donde la joven esposa queda atrapada. ¿No es una perfecta e ingeniosa manera de representar la fidelidad conyugal con carácter de perpetuidad?

Aunque son números los ejemplos de retratos del Quattrocento que siguen este modelo, parece ser que en la época en que se llevó a cabo la tabla, empezó a tener más éxito el retrato de influencia flamenca de medio perfil o tres cuartos. La exposición muestra ambos modelos. Ejemplo del primero sería el Retrato de una mujer de perfil (c.1475) de Piero del Pollaiuolo, procedente del Metropolitan de New York o Perfil de una mujer de Sandro Botticelli, procedente del Palazzo Pitti de Florencia. Mientras que Retrato de una mujer (c.1485) de Ghirlandaio y su taller, del Museo Lindenau de Altenburg (Alemania), responde al segundo modelo menos idealizado y más próximo al espectador.

Amor y Matrimonio. Devoción privada e iconografía sacra

Las obras y textos relacionados con el enlace proporcionan una documentación muy importante para conocer la cultura de la élite florentina. Temas como la fidelidad, el amor o la belleza los encontramos en los poemas del humanista Naldo Naldi que escribió para los esponsales de la joven pareja. Los valores, las tradiciones o el refinamiento de la alta sociedad del siglo XV también aparecen en diferentes fuentes como es un tipo de diario que se ha descubierto recientemente y que ahora se muestra en la exposición. Se trata de un documento del padre de la novia que alude a la vida cotidiana de la familia. Igualmente sus libros de cuentas, los movimientos de dinero y bienes con motivo de los esponsales, ofrecen una documentación muy interesante que se completa con otros sobre detalles tan minuciosos como los distintos bailes y torneos que se celebraron esos días, el ajuar de la novia o el libro de horas similar al que aparece en su retrato.

Seguramente el padre de Giovanna, regaló un libro de horas cuando ésta abandonó la casa paterna para unirse a la familia del esposo. Este libro se leía diariamente durante la oración y meditación. Un devocionario que pone de manifiesto la religiosidad de sus dueños y que estaba lujosamente ilustrado. El arte religioso tanto en las casas privadas como en las iglesias es un capítulo importante para la sociedad del momento. Sería difícil no encontrar alguna imagen religiosa en las “cámaras” de los palacios o en las mansiones campestres. Sobre este tema la exposición acoge un conjunto importante de pinturas, tablas devocionales, retablos de altar y libros de oración que decoraban las residencias de la alta sociedad florentina.

Biagio d’Antonio (Florencia, 1446-1512)

Estudios técnicos

Finalmente la muestra incluye un apartado técnico que el departamento de restauración del museo Thyssen ha llevado a cabo sobre esta obra. En dichos trabajos se  ponen de manifiesto la meticulosidad del pintor a la hora de enfrentarse a una obra que responde fielmente a las medidas ideales de la antigüedad clásica. Gracias por ejemplo a la reflectografía infrarroja se ha podido conocer el boceto preliminar que Ghirlandaio creó y que permite descubrir la virtuosidad del pintor como dibujante.

De la misma manera conocemos la técnica empleada por el autor a base de temple graso y óleo, la composición de los materiales originales, los diferentes pigmentos y la manera de distribuir los estratos de color. Otra de las curiosidades que la investigación ha sacado a la luz son los “arrepentimientos” del pintor. El cambio de posición de la mano, el perfil del vientre y el busto, el peinado o ese collar de cuentas que aparecía en el dibujo y que en el retrato definitivo se convierte en un fino cordón del que pende una joya.
Los análisis radiográficos han descubierto cómo Ghirlandaio empleaba más cantidad de pintura en unas zonas donde deseaba destacar la riqueza del vestido o la calidad de las joyas, mientras que en otras empleaba una pincelada ligera, apenas abocetada. Un ejercicio de destreza y genialidad que está patente en este bello retrato de Giovanna Tornabuoni.

INFORMACIÓN PARA EL VISITANTE
Dirección: Museo Thyssen-Bornemisza. Paseo del Prado 8, 28014 Madrid.
Lugar: salas de exposiciones temporales (planta baja).
Horario: de martes a domingo de 10.00 a 19.00 horas. La taquilla cierra a las 18:30h.
Horario de verano: los meses de julio y agosto las exposiciones temporales permanecen abiertas hasta las 11 de la noche de martes a sábado.
Tarifas:
Venta en taquilla:
– Exposición: 8 € (Reducida: 5,50 € para estudiantes, mayores de 65 años y grupos familiares integrados por al menos un adulto y tres descendientes (o dos, si uno de ellos tienealguna discapacidad) incluidos en el mismo título de familia numerosa.
– Exposición + Colección Permanente: 13 € (Reducida: 7,50 € para estudiantes, mayores de 65años y grupos familiares integrados por al menos un adulto y tres descendientes (o dos, si uno de ellos tiene alguna discapacidad) incluidos en el mismo título de familia numerosa.

Venta en internet:
– Exposición: 7 €.
– Exposición + Colección Permanente: 12 €.

Entrada gratuita: menores de 12 años y ciudadanos en situación legal de desempleo.
Audio-guía, disponible en varios idiomas
Venta anticipada de entradas e información en www.museothyssen.org y en el 902 760 511, también en los servicios de taquillas e información del Museo.