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“América fría”. La Abstracción Geométrica en Latinoamérica (1934 -1973)

por Julia Sáez-Angulo

Fundación Juan March. Madrid. Del 11 de febrero al 15 de mayo de 2011

Dos acusaciones históricas, no siempre justas, han caído siempre sobre la abstracción geométrica: su ornamentalidad fría y su falta de compromiso. Muchos de los artistas geométricos vienen o van del diseño hacia el diseño y éste ha acabado formando parte de los museos de arte contemporáneo; respecto al compromiso, hay que decir que es sobre todo de la persona y no necesariamente de su arte. 

Dicho esto pasemos a la exposición de la Fundación Juan March, que tomando el todo América para la sola parte de Latinoamérica –al revés de lo habitual- presenta 300 obras de 64 artistas latinoamericanos, además de los cinco europeos que tuvieron su contacto con los del movimiento geométricos de la zona: Josef Albers, Alexander Calder, Victor Vasarely, Max Hill y Ludwig van del Rohe. 

Arte geométrico, sistemático, constructivo, arte frío, concreto de borde duro… denominaciones tangenciales para un movimiento, estilo o espíritu, en el que la fría geometría de borde duro  marca de modo importante casi todas las obras. 

La muestra de la Fundación March, comisariada por Osbel Suárez, ha querido establecer su propio discurso y no el de un coleccionista, como la que vimos el pasado año en Es Baluard de Palma de Mallorca. Tiene características singulares como es la de aportar la presencia de la arquitectura a base de hermosas fotografías, principalmente de la Brasilia de Niemeyer, o la Universidad de Caracas de Villanueva. En la muestra hay obra procedentes de colecciones privadas como la de Cisneros y también de los Museos Reina Sofía, MOMA, Georges Pompidou, entre otros. 

Las fechas que abarca “América fría” están definidas por dos viajes de retorno de Europa a América: 1934, cuando Joaquín Torres-García regresa a Montevideo, y 1973, año de la vuelta del venezolano Jesús Rafael Soto, para la inauguración de su museo en su ciudad natal, Ciudad Bolívar. El discurso de los geométricos cubanos –el comisario lo es- se enfatiza porque ha sido descuidado en el pasado. Dos mujeres, Loló Soldevilla y Carmen Herrera destacan junto a las grandes piezas de José Mijares. A algunos nos hubiera gustado ver alguna obra de Waldo Balart (Cuba, 1931), residente en Madrid, con edad y obra suficientemente clave para estar dentro. 

Se echa de menos al grupo colombiano de gran interés, con Negret como uno de los cabezas de fila importante, al que vimos en su día en el Palacio de Velázquez del parque del Retiro madrileño. El espléndido fotógrafo Leo Matiz representa a Colombia con soberbias vistas de la arquitectura. 

Jesús Soto, sol entre las estrellas del arte geométrico, brilla con demasiadas piezas quizás, pero siempre es un gusto ver sus juegos ópticos de gran imaginación y belleza. Las mujeres están presentes en el movimiento abstracto geométrico y, además de las citadas, cabe mencionar a Mira Schendel, María Freire, Ligya Clark –espléndida brasileña- o Judith Lauand. Quedan bastantes por incluir. La última pieza del brasileño Paternosto blanca con los bordes de color es un punto final muy sugerente. 

Investigación y Ensayos

El enorme catálogo de la exposición responde a la línea de investigación rigurosa a que acostumbra últimamente la Fundación Juan March en sus publicaciones y da una información exhaustiva sobre movimiento latinoamericano de la abstracción, donde el grupo argentino Madi fue uno de los más relevantes. Los ensayos del catálogo no tienen desperdicio. Al contemplar la exposición, no aparece la nacionalidad y el año de nacimiento –y muerte en su caso- de algunos artistas. A medida que se pasea por el espacio, se querría saber de qué país es el autor, qué edad tiene y si sigue en este mundo, pero la cartela no informa de ello.

La sede de la Fundación  Juan March se ha agrandado y acoge bien las 300 piezas si bien algunas son de pequeño formato, en respuesta a seguir el discurso más que la obra rotunda o espectacular de los artistas. Alguna pequeña objeción como la suciedad o falta de restauración de una obra de Espinosa, algo que choca en un arte en el que lo impoluto se requiere como requisito sine qua non. 

En suma, una gran exposición para los que amamos este arte geométrico frío, que resalta el color y la forma por encima de la sensualidad de la naturaleza vegetal, si bien la geometría se encuentra muy visible en las manifestaciones minerales de la naturaleza y late por necesidad en la construcción de las cosas y del arte.