Flavia Tótoro Taulis: «¡Qué sabes de arte?»

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Flavia Tótoro (Ciudad de México, 1964) ha residido en Chile, Canadá, Trinidad y Tobago. Tras su licenciatura en Arte por la Universidad Católica de Chile (PUC-1991), especialidad en Restauración y Pintura, obtiene Más»

Arte y Pandemia

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Cuando creíamos que los males se reducían a los totalitarismos y sus funestas consecuencias humanas, aparece un virus amenazador, el COVID-19, que asola nuestra vida y revuelve nuestra relación con la naturaleza Más»

Keb’ Mo’, el compromiso emocional del blues

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Desde que irrumpiera en la escena musical a principios de los años 90, Kevin Rooselvelt Moore (renombrado Keb’ Mo’ en 1994) se ha ganado una reputación por su maestría en los múltiples Más»

Joseph Roth: “La Cripta de los Capuchinos”

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Es una de las grandes novelas del siglo XX , escrita por uno de los grandes novelistas del mismo siglo. La Cripta de los Capuchinos novela del escritor austriaco Joseph Roth (Austria, Más»

Jesús Talón Pérez-Juana: «Entropía»

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Discos

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Parade y su deriva sentimental

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La deriva sentimental es el nuevo disco de Parade, una colección de 11 temas de Antonio Galvañ, al que suma “Josephine”, la versión de Stephin Merritt. En algún caso cuenta con su propia voz Más»

La danza y la poesía desde el confinamiento

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Sara Gallardo: «Eisejuaz»

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Discos

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Obituario sin mordaza: Erik el Belga

por Jorge Llopis Planas

Es delicado escribir sobre un muertito reciente, ya que cabe la posibilidad de que algún ingenuo no sepa leer entre líneas y puede interpretarlas como un panegírico. Es más, como un homenaje incluso, porque nuestra hipocresía bienpensante intenta poner un broche final buenista a todo.

Cada sector profesional tiene sus fallecidos insignes, entendiendo por insigne, destacado. Para bien o para mal, en el mío como Perito Tasador Judicial, historiador y crítico de Arte, esta semana ha desaparecido como una de sus cientos de piezas robadas, Alphonse van den Berghe, alías “Erik el Belga”, alias “Erik el Rojo”. Éste último empleado en su primera época de contrabandista de armas para la OAS francesa y cuentan que probablemente también para el IRA en los años 60 para continuar con su actividad terrorista. Un lucrativo negocio que el Alphonse desarrolló durante casi 5 años gracias a que conocía los arsenales olvidados por los alemanes y aliados en los bosques en los que vivía de niño y que le permitió conocer los entresijos del contrabando y tráfico ilícito internacional.En 1976 logró fugarse in extremis y refugiarse en España. Se entregó a la policía española en 1982, una vez fue abolida la pena de muerte en Francia en 1981… En España fue absuelto de 14 juicios pendientes y solamente cumplió 35 meses de prisión por “ayudar” a encontrar las piezas robadas y delatar a otros compañeros de profesión. Todo un héroe.

Por “Amor al Arte” fue la autobiografía de Erik el Belga publicada en 2012 con el cinismo del que se sabe protegido por las autoridades. Es como si otro belga afamado, el pederasta y asesino Marc Dutroux hubiese publicado por ejemplo “Es que las visten para provocar” o si Leopoldo I hubiese escrito “Memorias de MI África” No hay nada ni de romántico ni de aventura en la vida de este ladrón de arte. Ni creó método ni escuela, simplemente la lacerante constatación que un chorizo es más útil por las medallas que proporciona que, porque realmente se haga justicia, aparte de continuar con la tradicional e ingente producción de degenerados de la peor ralea que proceden de Bélgica.

Actuó con una banda de facinerosos en Francia, Luxemburgo, Alemania, Bélgica y sobretodo en España y que son los que realmente deberían escribir la biografía de este montaraz. Intentó ennoblecer su actividad explicando en su biografía que también fue artista y falsificador. Si alguien ha visto sus obras, podrá apreciar la pobre calidad, pero como seguramente en breve alguna institución cultureta le organizará un homenaje, es donde se podrá apreciar su escaso talento, más allá de su afición de fin de semana. En una subasta organizada por la Sala Ansorena en 2010 se puso en venta uno de sus bodegones que quedó desierto en 500€, aunque sinceramente, no sé como explicar esta extraña coincidencia: Sala de subasta y ladrón del arte.

Me dijeron, con el Belga todo eran suposiciones, que ya había guión de cine, aunque me temo por el imbécil que me lo comentó que, en caso de filmarse, tendremos que sufrir otra película de robos de arte fantasiosos y héroes iconoclastas y antisistema. Nada que ver: Alphonse van der Berghe trapicheaba con curas ignorantes, robaba a monjas incautas y revendía a comerciantes obscuros. Robaba con nocturnidad y alevosía y, aún y así, se le permitió “disolverse” en Marbella, perpetuando la tradición de convertir la Costa del Sol en una especie de campo de internamiento dorado de delincuentes como decía Torrente: ”Vámonos pa Torremolinos”.

Coincidí con el Belga una vez y, sobretodo, me fije en su mirada: cínica, perversa e inquietante. No me despertó siquiera el morbo de escuchar sus bravuconadas y lecciones de cómo habría actuado si hubiese sido él, el ladrón del Codice Calixtino.

Tantos pufos lleves, como paz en el mundo del patrimonio artístico dejas.