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Josh Rouse, inspiración en el Mediterráneo

por Xavier Valiño

“Sé que suena un poco raro, un tipo del Medioeste americano haciendo canciones brasileñas en español”, comenta Josh Rouse sobre su nuevo trabajo de estudio, El Turista. “No sé si encaja, pero es como lo siento”. De manera inesperada, el nuevo ciclo de canciones de Josh Rouse combina los álbumes de Getz/Gilberto y Graceland, sin remilgos, discos que resultaron muy audaces en su momento. El autor de los aclamados 1972 y Nashville comienza aquí una nueva etapa.

Su nuevo trabajo muestra una marcada influencia de España, el hogar desde hace cinco años de este nativo de Nebraska, junto a su mujer Paz Suay. La pareja y su primer hijo viven en Valencia, en la costa mediterránea. En El Turista, España sirve de punto de origen a un viaje musical global que aterriza en Cuba, Brasil y África, así como Nashville, donde han sido grabadas la mayoría de las canciones por su habitual productor y colaborador: Brad Jones. Además asoma Brooklyn, hogar formal de la pareja, donde se plantaron las semillas del disco y donde se soñaron algunas de sus canciones.

El instrumental que abre el disco, “Bienvenido”, nos sitúa en escena de manera seductora, sintiendo la brisa del Mediterráneo acariciando tu piel. “Lemon Tree” y “I Will Live on Islands” nos mecen con su ritmo afrocubano y nos recuerdan a Paul Simon en su etapa más inspirada. “Duerme” (también conocida como “Drumi Mobila”) y “Mesie Julian” fueron escritas por el prestigioso cantante y pianista Bola de Nieve -conocido como el Louis Amstrong cubano-, aunque Rouse conduce los dos temas al terreno de la bossanova de Joao Gilberto.

“Valencia” y “Las Voces” -para las cuales Paz ha aportado todos los coloquialismos necesarios- nos transportan vibrantemente a la vida cotidiana en su ciudad. La dulce “Sweet Elaine” podría haber formado parte de 1972 si no fuera por su doble ritmo latino y sus cuerdas. “Don’t Act Tough” es iluminada por el solo de saxo de Jim Hoke, el cual establece la diferencia entre Stan Getz y Andy Mackay de Roxy Music. Rouse consigue incluso encontrar un lugar para la Guerra Civil española en una tradicional canción americana, “Cotton Eye Joe”. Lo cierto es que, a pesar de todo este amplio rango de fuentes y referencias, El Turista suena cohesionado.

Rouse canta en español como un nativo valenciano, o al menos así suena para los oídos americanos. “He estado hablando español cada día, todos los días, durante cinco años”, señala, “de modo que se ha convertido en algo muy natural. Y, siendo músico, si tienes oído, recoges todos los detalles, los acentos… Así que no hablo como Sam Elliot en español”, asegura Rouse. “Mis amigos españoles dicen que suena genial, pero que todavía tengo acento. Espero que resulte tan encantador como cuando oyes a un extranjero cantar en inglés”.

Parte de esta naturalidad se debe a la felicidad que Rouse experimenta en su actual entorno. “Yo sentía una atracción natural hacia el Mediterráneo, desde la comida a su ritmo. Si no tenemos en cuenta el océano, no es tan diferente al estilo de vida del Medioeste. Es tranquilo, nadie tiene prisa por llegar a los sitios, así que me siento como en casa. Aunque Nebraska es precioso, el clima aquí es mucho mejor durante ocho meses al año. Y vivir cerca del mar es sin duda una gran influencia para mi música. Puedo coger la guitarra y los acordes tienen cierto sentimiento tropical, porque ése es el clima aquí. Sé que suena un poco raro, un tipo del Medioeste americano haciendo canciones brasileñas en español. No sé si encaja, pero me siento bien”.

Pero, ¿de dónde llega la inspiración para este sorprendente disco? “No tenía ninguna visión clara sobre cómo debía ser”, confiesa Rouse. “Simplemente estaba buscando una nueva dirección. Quería hacer un disco de jazz, pero la realidad es que no puedo tocar como Bill Evans, así que deseché la idea. Hace un par de años, mi mujer puso un disco de Bola de Nieve y yo salté: “Wow, ¿qué es eso?” Nunca había escuchado nada igual”.

“Aquí en España aún no había dado con nada que me inspirara lo suficiente como para dar ese cambio; escuchar ese disco fue una ruptura para mí. Los cubanos cantan tan bien en español, las sílabas tienen un sonido bonito, casi como si fuera portugués. De modo que lo escuché y me dije: “Puedo hacer esto”. Bola de Nieve falleció hace un tiempo y es un artista aún por descubrir, pensé que era un buen tipo por el que ser inspirado”.

“Así que hice una versión de “Mesie Julian”, continúa. “A partir de ahí comencé a experimentar, probando diferentes cosas. Brad Jones y yo comenzamos con “Don’t Act Tough”, una estructura jazz que mantiene los mismos acordes cíclicamente una y otra vez. Después hicimos la instrumental “Bienvenido” y, cuando lo dejamos reposar, me di cuenta de lo diferente que era a cualquier cosa que había hecho. Así que me adentré por ese camino y, después, junto a Sam Bacco -un percusionista brasileño- seguimos trabajando. En un momento determinado, Sam dijo “es como música de sobremesa y luego aparece la fiesta”.

Otra de las cuestiones complejas fue acoplarse a la tradición oral. “Esas viejas canciones folk acabaron mutando, ya que fueron transmitiéndose de una persona a otra”, dice Rouse. “Durante un tiempo he estado haciendo todo a mi manera -supongo que sigo haciéndolo- pero quería mirar 50 o 100 años atrás o incluso más, sumergirme en estas canciones y melodías realmente sencillas y tratar de imprimir mi propia visión en ellas”.

Josh retrocede para añadir: “Después del último disco, sentí que necesitaba un descanso. Solo quería grabar canciones sin tener que pensar en sacar un disco. Cada vez que quedaba con Brad y hacíamos alguna cosa, yo seguía diciendo: “Ok, no estoy haciendo un disco”. Y después, tras de un año y medio, con las cosas consolidándose, empecé a pensar “Vaya, puede que esto funcione”.

“He hecho discos en el pasado y solía pensar que les podía gustar a un montón de gente, pero durante la creación de este disco no sentí eso en ningún momento. Me explico: quiero que la gente lo escuche pero en realidad lo he hecho para mí mismo. Quería que sonase a algo mío propio, algo que encajase a la perfección en mi colección de discos, quizá junto a Vince Guaraldi”. Rouse se vuelve a reír. “Así que en cierta manera éste es un trabajo egoísta, pero también arriesgado, en términos de variedad. Es un cambio de dirección con respecto a lo que he estado haciendo, lo siento también como un reto. A partir de aquí puedo ir en un montón de nuevas direcciones”.

“Soy un escritor de canciones aceptable”, reconoce Rouse. “Puedo inventarme una melodía. Es como cocinar: mezclas diferentes ingredientes y, si la base que tienes es realmente buena, se convertirá en algo bueno, ya sea electrónica, blues, funk o lo que sea. Se trata de estar inspirado por algo nuevo. Eso es lo que tengo que hacer para continuar: necesito encontrar nueva música, meterme en nuevas cosas y probar. La compilación de Rhino llegó en el momento perfecto. Ahí está todo ese trabajo; creo que éste es un buen momento para hacer cosas diferentes. ¿Cómo se dice en español Vive la difference?”