John Lennon, imagina…

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Sigue apareciendo material de John Lennon, casi 40 años después de su desaparición. En este caso se trata de Imagine – The Ultimate Collection , una caja de seis discos que incluye una Más»

LOS ZUBIAURRE. MEMORIA GRÁFICA

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Más de mil doscientas placas negativas de cristal y copias positivas, encuadernadas y sueltas, y veintisiete películas relacionadas con Valentín y Ramón de Zubiaurre componen la exposición Los Zubiaurre. Memoria gráfica que Más»

Discos

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JENNY LEWIS: On the Line (Warner) Al igual que hizo en su anterior disco (The Voyager, 2014), Jenny Lewis vuelve a trabajar en su cuarto álbum con Ryan Adams. Incluso su portada Más»

Javier Barraca: “La ciencia del vacío”

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Ganadora del Primer Premio Narrativas Oblicuas en su duodécima edición, La ciencia del vacío gira en torno al suicidio colectivo a que parece abocada la sociedad. Una tras otra, entreveradas de fragmentos Más»

Matías Escalera: “Recortes de un corazón herido”

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Un escritor se hace rico escribiendo novelas góticas y decide que ya es suficiente. Ya no escribirá más, como el Dr. Johnson, que dijo: “el que escribe por otro motivo que el Más»

“Sueños de lirios. Antología de poetas locos”. Óscar Ayala (ed.)

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En comparación con la publicación de antologías de poesía con aspiraciones canónicas o de plataforma de lanzamiento y/o reconocimiento, la cantidad de antologías temáticas en el territorio español es realmente ínfimo. Este Más»

Ignacio Uribarri: “Desde el Paraguay. Bilbao y sus hombres prodigiosos”

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The Beach Boys, sinfonías pop

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Al tiempo que el grupo sigue ofreciendo conciertos por distintos países, en una encarnación dirigida por Mike Love y en la que no participa Brian Wilson, su compañía sigue tirando de su Más»

 

Carmen Valero, del Derecho al Arte

por Julia Sáez-Angulo

Estudió Arte y Decoración, porque fue su primera pulsión profesional en la vida. Con Daniel Quintero hizo un mural sobre Don Quijote en un hotel de Villacastín –todavía en pie- y de aquella amistad guarda y expone un gran grabado del pintor en el hall de su casa.

Su padre abogado, don Antonio Valero, a quien los habitantes de Villacastín llamaban el Notario y a sus hijas, las “hijas del Notario”, porque estuvo haciendo oposiciones para tal, la convenció para estudiar Derecho y hacerse cargo del despacho y su buena clientela. No eran leyes lo más apetecible para la mayor de las tres Valero –tres eran tres las damas descendientes-, pero Carmen, con su acendrado y reconocido complejo de Electra –desmedido amor al padre-, siguió las indicaciones paternas, no en balde ayudaba a su progenitor en el despacho con algunos expedientes y  gestiones, por lo que el mundo jurídico no le era tan ajeno.            En la Facultad de Derecho de Madrid, Carmen Valero Espinosa (Madrid, 1942) hizo buenos amigos, tanto entre alumnos como entre profesores. El Mercantil, asignatura que en principio se le atravesó, acabo por estudiarla tan a fondo que acabó por entusiasmarle, hasta el punto de que el profesor  García Villaverde la nombró su ayudante en las clases. A partir de aquí, impartió la docencia en el CEU, pero lo más importante, sacó a flote empresas, una tras otra, buceando en su marcha y sus cuentas, empezando por el bar de la Facultad de Derecho y otros similares del mismo dueño.

El éxito le sonrió en el mundo mercantil y fue capaz de recuperar una máquina textil catalana, que en los días de la Revolución de los Claveles, se había perdido en Portugal no se sabía donde. Carmen Valero, sola con su attaché jurídico fue siguiendo la pista, hasta encontrarla en Oporto, llevarla a buen puerto y cobrarla. A ella los claveles y el puño en alto no le arredraban.

El padre de una amiga catalana la contrató para su empresas Moliné y la prohijó en el mundo de sus negocios para poner firme a quien hiciera falta, desde el consejo de dirección a los sindicatos. A ella no la pillaban en un renuncio.

Después vino el contrato de Fujitsu España, como la primera mujer que dirigía el departamento de Recursos Humanos. De ahí pasó al mismo destino en la Agencia EFE, en los tiempos de Palomares, y ella se atrevió –nadie osó antes- a cerrar el bar de la empresa donde se perdía mucho tiempo y se bebía demasiado alcohol, para sustituirlo por máquinas de refrescos y sándwiches con monedas. El que quiera beber, que salga a la calle. Algunos la odiaron por eso y otras durezas y le pusieron algún epíteto que otro. Ya se sabe. Carmen Valero bregó con una huelga en la empresa y durmió en su despacho por si había desmanes. Supo pastorear a los sindicatos con ciertas concesiones y pedradas, amén de aullidos de can.

La República Dominicana fue su último destino para llevar a cabo una tarea de reconstrucción de hospitales, comedores y escuelas tras el huracán terrible de 1991. También pasó al otro lado a haitianos condenados a muerte por el régimen, escondidos en su furgoneta de recorrido. El país, la isla, se le metió en los huesos, porque la gente allí es lo más generosa y feliz con lo poco que tienen. Cuando descubre algún dominicano en España, se le ensancha el corazón y comienza a sonreírle y a hablar de la isla con la que mantiene lazos afectivos de amigos.

Su pasión son los coches; tiene dos y los alterna según el destino. El arte vuelve a ocupar su vida y como crítica se la ve en el circuito de galerías y museos. Tiene escritas sus Memorias, pero algo le impide publicarlas.