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The Cranberries, la luz al final del túnel

por Xavier Valiño

Hace aún escasas semanas que fallecía Dolores O’Riordan, la cantante de The Cranberries. Recordamos aquí sus palabras en una de sus últimas entrevistas que coincidió hace unos meses con la edición del álbum Something Else, un disco que incluía sus viejas canciones con arreglos nuevos, en colaboración con la Orquesta de Cámara de Irlanda. Grabado en la Universidad de Limerick, incluía además tres temas nuevos.

En el otoño de 2013, mientras su ciudad natal de Limerick se preparaba para abrir su celebración como ciudad irlandesa de la cultura en 2014, la cantante y compositora Dolores O’Riordan de The Cranberries fue propuesta por la ciudad para ofrecer un concierto especial. En Nochevieja, actuaría con un cuarteto de cuerda de la Orquesta de Cámara de Irlanda, tocando cuatro canciones de su repertorio, tres de The Cranberries y una perteneciente a su carrera como solista, en un escenario instalado a las puertas del ayuntamiento. “Fue una noche hermosa”, recuerda.

En ese momento, mientras cantaba canciones que han marcado a toda una generación, se dio cuenta de que un aniversario se acercaba. El año siguiente, el 2015, marcaría los veinticinco años desde el comienzo de The Cranberries, la banda irlandesa que dominaría los años 90 junto con The Sundays y su Reading, Writing and Arithmetic, 10,000 Maniacs con In My Tribe y Alanis Morissette con Jagged Little Pill.

Ciertamente, The Cranberries no tuvieron menos impacto que cualquiera de sus compañeros, enmarcados en un clima de empoderamiento post-Madonna. Las cifras hablan por sí mismas. Para el 2000, los cuatro primeros discos de The Cranberries Everybody Else Is Doing It So Why Can’t I, No Need to Argue, To the Faithful Departed y Bury the Hatchet habían acumulado más de 40 millones de copias vendidas. Inmediatamente, fueron bendecidos con una suerte de éxito en Estados Unidos que otras bandas tardan diez años en alcanzar, con un éxito y una notoriedad que quizás sólo las estrellas irlandesas U2 y Sinead O’Connor podrían igualar.

Dolores tenía 18 años cuando The Cranberries comenzó. “Realmente”, dice ella, “yo era sólo una niña por aquel entonces”. Había estado fuera de Irlanda sólo una vez, para ver a su hermana en Londres. “Yo también era una inocente de dieciocho años. No era madura. De hecho parecía más bien que tuviera 15 años”. Cuando el líder de REM, Michael Stipe, los observaba mientras grababan el vídeo para su omnipresente éxito de debut, “Linger”, Dolores no tenía ni idea de por qué.

“Cuando volvimos de América, nos reunimos con Bono, casi al mismo tiempo. Él fue siempre muy agradable con nosotros”. Estos misteriosos encuentros continuaron a lo largo de la década. “Probablemente tuve mucha suerte de que las canciones llegaran a tener tanto éxito, pero también tenía sus desventajas, como crecer frente al público. No tuve una transición normal de la escuela secundaria a la universidad o al mundo real. Se intensificó. El éxito fue abrumador para mí, en realidad. Y cuando llegas a ser exitoso a ese nivel estás tan ocupado trabajando que no tienes tiempo para mirar y asimilar lo que estás pasando”.

Veinticinco años más tarde, tal vez ahora era el momento de reevaluar. Una solicitud inusual de The Bachelorette, el programa de televisión de EE.UU. para niñas que compiten para ganar la mano de un joven apuesto, fue el hecho que puso a Dolores de nuevo en contacto con el coautor de The Cranberries, Noel Hogan, después del parón de la banda desde 2012. Los productores les pidieron que dieran la serenata a la pareja en su última cita para el final de la temporada, filmada en la Catedral de Christchurch de Dublín. A pesar de que Dolores ha vivido entre Canadá, Nueva York e Irlanda en los últimos años, es el último el que influirá para siempre a la cantante, a la banda, al alma de The Cranberries. Con The Bachelorette siendo retransmitido a casi 10 millones de espectadores estadounidenses, una nueva generación estaba deseando saber más.

Emocionada por la revisión orquestal de una selección de sus grandes éxitos, la idea de una revisión acústica y orquestal de los momentos más grandes de los primeros cuatro álbumes de The Cranberries comenzó a fermentar. “Parecía algo viejo y algo nuevo para conmemorar lo que habíamos logrado”, dice Dolores. “Con la Orquesta de Cámara de Irlanda, similar a lo que habíamos hecho en el espectáculo de Nochevieja”.
Durante más de dos semanas en la Universidad de Limerick el año pasado, en la casa de la Orquesta de Cámara de Irlanda, la banda volvió a los viejos tiempos con ropa nueva sacudiendo cualquier telaraña con cuerdas. Dolores ya no era una niña cantando sus increíbles y maduras canciones desde un punto de vista inexperto, sino una mujer con la capacidad de contar su vida a través de la música, con el beneficio de la retrospección. “Yo las prefiero así”, dice ella de las nuevas grabaciones de las viejas canciones, “con un poco más de experiencia detrás de ellas. Suenan frescas de nuevo”.

Desde su cima comercial de los años 90, The Cranberries no fueron una banda inactiva. Todavía giraban y grababan para la audiencia fiel y masiva que ellos consiguieron, con canciones tocadas con la inmediatez de los ganchos de los creadores de éxitos y la atemporalidad de los clásicos. “Yo estaba acostumbrada a cantar los éxitos, porque siempre los tocamos en vivo”, dice. En sus últimas fechas, tocaron ante más de 40.000 fans de The Cranberries en Perú en el prestigioso Vivo X El Rock 8 Festival y miles más en México. De hecho, fue el regreso a Sudamérica fue lo que le dio a Dolores una idea para el disco, contactar al icónico productor de imágenes de rock Andy Earl, el fotógrafo que les había fotografiado para la portada de Everybody Else Is Doing It… “Dije que deberíamos ver si Andy está disponible. Literalmente dos días más tarde voló a nuestro encuentro. Él era brillante. Fue bueno verlo de nuevo. Nos sentamos en el mismo lugar y realizamos la sesión”. El pasado y el presente se unían.

A medida que el disco comenzó a tomar forma, tres nuevas canciones fueron añadidas. La primera fue “The Glory”, que Dolores explica que escribió en las salas de ensayo de la Orquesta de Cámara de Irlanda en la Universidad de Limerick. “Estaba tratando de pensar en el hecho de que siempre hay esperanza, siempre hay una luz al final del túnel sin importar lo oscura que pueda llegar la vida. Puede ser difícil a veces, pero hay que buscar la luz y lo positivo en las cosas”. Además sacó dos canciones de su escondite personal en los últimos dos años, esperando encontrar un hogar: “Rupture” (“trata de la depresión, acerca de estar en ese agujero negro y encontrar difícil de salir de él”) y el single “Why” (“Escrito justo después de que mi padre falleciera, en el momento más difícil”).

Gracias a Dolores y al talento para escribir canciones de Noel, los nuevos temas de The Cranberries se ajustaron perfectamente a “Zombie”, “Dreams”, “Ridiculous Thoughts” y “Ode to My Family” acompañados de nuevos arreglos de cuerdas. “Empecé muy joven, escribiendo canciones”, dice Dolores, “tenía quizás 12 años. No tenía ni idea de por qué lo hice. Era sólo algo dentro de mí que quería salir”. Dice que también está orgullosa de las viejas canciones. “Sí lo estoy. Me permito un momento de eso. Pero la vida es tan agitada que no tienes mucha oportunidad. Supongo que de eso trata este nuevo disco”.

Cuando comenzaron a definir los detalles para el disco, se decidieron por “Something Else”, un guiño al primer disco Everybody Else… “No es un título determinado”, dice Dolores. “No está diciendo que vaya a haber más y no está diciendo que este es un gran final, tampoco es quién sabe si va a haber más. Creo que se relaciona con el primer disco muy bien. No tengo ni idea de lo que nos espera. Ya no son los años noventa, eso es seguro. Y tampoco querría que lo fueran. Esperemos que haya más por venir. Espero que a los fans les guste lo que hemos hecho con las canciones. Supongo que te preguntas por cuánto tiempo vivirán tus canciones. Creo que las nuestras han tenido mucha suerte”.