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All La Glory, ahuyentando los fantasmas

por Xavier Valiño

All La Glory acaba de editar su segundo disco, Everybody’s Breaking Everybody’s Heart que, según nos cuenta Juano Azagra, uno de sus componentes, se titula así (Todo el mundo está rompiendo el corazón de todo el mundo) porque refleja una época convulsa y tumultuosa de su vida.

El grupo (integrado por Juano Azagra, Israel Diezma, Fran Pedrosa, Manolo Martínez y Pilar Angulo) acaba de presentar su nuevo álbum, Everybody’s Breaking Everybody’s Heart, un disco que fue grabado en Sputnik Recording Studio, en Sevilla, entre finales de 2014 y principios de 2016, y que fue producido por Jordi Gil y Juano Azagra.

Según Juano, “el álbum se gestó en un momento muy complicado a todos los niveles: a nivel de pareja, a nivel de familia y también de amistades”. Un auténtico cataclismo personal, que casi termina con la banda, pero que al final ha cristalizado en una decena de canciones tocadas por una belleza extraña. Pueden parecer esquivas a primera escucha, pero en realidad esconden un rico universo interior.

El primer disco de la banda, el homónimo All La Glory (Meridiana, 2012), se había cocinado en unas circunstancias completamente distintas, “en un momento feliz, en el que me sentía parte de un grupo de gente que estaba muy unido”. Posiblemente por eso le pareció una buena idea juntarse con dos de sus amigos, Miguel Ángel ‘Goyo’ Campos (que ya le había acompañado en la aventura de Bombones) y Miguel Rivera (de Maga), a escribir canciones inspiradas en el rock americano clásico. Canciones luminosas y con un delicioso punto de ingenuidad, que trastabillaban entre el country pastoral de (cómo no) The Band y el músculo guitarrero de Neil Young, mientras miraban de reojo a ese power pop que siempre le había gustado a Juana.

Poco después de publicarse el disco, las obligaciones laborales obligaron a Rivera a dejar la banda, y su lugar lo ocuparon Israel Diezma (que ya había participado en el disco a pleno pulmón), Fran Pedrosa (de Pinocho Detective) y Pilar Angulo, una formación que añadió profundidad y crudeza a las canciones que ya existían, que se atrevió incluso a versionar en directo (con éxito notable) el “After the Gold Rush” del abuelo Young y que afrontaba optimista la grabación de un segundo álbum. Al menos, hasta que todo estalló por los aires.

Cuenta también Juano que, a partir de ese momento, enfrentarse a su criatura se le hizo cada vez más difícil. “Aparcaba una y otra vez las canciones porque me transportaban a lugares en los que no quería estar. Y además lo veía como una empresa inútil, porque pensaba que la banda se separaría en cualquier momento”.

Así que para superar el bache decidió refugiarse en un lugar familiar, volver a la música que escuchaba desde adolescente. “Yo he crecido con la new wave y el nuevo rock americano”, explica, “y al final la cabra tira al monte”. Un giro que significó abandonar los soleados tonos del country para adentrarse en paisajes más oscuros, más urbanos.

“El primer disco era más acústico, había mucha guitarra de madera. En este, en cambio, la guitarra eléctrica ha recuperado el protagonismo. Los temas han ganado en velocidad, son mucho más ruidosos, y eso permite que la banda toque de una manera más personal, menos encorsetada. De algún modo funciona como una afirmación de mí mismo, de la música que me ha acompañado toda la vida”.

Este nuevo enfoque se intuye desde el mismo principio del disco, cuando estalla el riff de “Looking for a Thrill”, pero también, está presente en los atmósferas sintéticas de “L.A.M.F. “, en la telaraña de guitarras que se adueña poco a poco de “Reasons to Get Lost”, en la urgencia con la que avanza “Pretty Eyes” y en el pulso new wave de “Misfit Love”.

“La idea era explorar nuevos territorios”, continúa Juana, “experimentar con sonidos y afinaciones diferentes de guitarra, tocar con sintetizadores que no hubiera probado antes”. Una complejidad necesaria, “porque es la única manera de expresar sentimientos que de otra manera serían difíciles de sacar a la luz”, y que estalla en toda su intensidad en una canción como “Vera”, que se sostiene sobre un enigmático entramado de melodías y arreglos volátiles, que parecen desvanecerse delante mismo del oyente.

Frente a esas derivas de estilo, otras canciones ayudan a levantar puentes entre los dos discos de la banda. Ahí están los ecos de power pop que resuenan en “Can’t Take My Eyes off You”, el clasicismo rock con el que se construye “Glow”, o esa “Do You Wanna” que parece pensada para explotar el rugiente poderío de All La Glory sobre el escenario.

Incluso la pieza al piano que cierra este nuevo viaje, “This Love Affair”, parece estar ahí para terminar de espantar los fantasmas que atenazaban a Juana, y que ahora se han desvanecido. “Se marcharon en cuanto conseguí terminar el disco”, confirma. “Ahora toco esas canciones y las veo desde fuera, como si se tratara de historias que le hubieran sucedido a otra persona. Y es algo que me alegra, porque ahí dentro hay algunas de las mejores cosas que he tocado nunca”.