David Refoyo: “Donde la ebriedad”

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A partir del juego con el título de la obra de Claudio Rodríguez, en Donde la ebriedad, David Refoyo (Zamora, 1983) lleva más allá el trabajo experimental con la palabra y con Más»

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Me atrevería a decir que esto es un reencuentro de íntimos amigos. Lo primero que ha hecho Eduardo Arroyo en la presentación de la exposición que tiene en Bilbao ha sido reconocer Más»

Museo Thyssen 25 Aniversario

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Se ha dicho que una de las cosas que más lamentó Margaret Thatcher durante su gobierno fue el no haber conseguido que la colección Thyssen se quedara en el Reino Unido. También Más»

Cómo vivir en el campo, el juego de crear

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Cómo Vivir En El Campo es un trío (Pedro Arranz, Miguel Breñas y Carlos Barros) de Madrid que, tras varios CDs autoeditados en sus inicios, publicaría en 2012 su primer largo, CVEEC Más»

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Discos

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Jan Morris: “Trieste o el sentido de ninguna parte”

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No es una casualidad que este verano haya leído Trieste o el sentido de ninguna parte porque me gusta la literatura de viajes, lo que es una casualidad es que ahora, escribiendo Más»

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Juan Gerstl, artista venezolano cinético: “El xagon, módulo esencial de mi arte cinético”

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  El artista se siente orgulloso y heredero directo de la gran tradición geométrico/cinética de su país: la escuela venezolana de Alejandro Otero, Jesús Rafael Soto y Carlos Cruz Díez. Una escuela Más»

 

Joan Yago: “No soy Dean Moriarty”

por Julia Sáez-Angulo

Teatro Lara. Madrid. Hasta el 23 de Agosto de 2017

Basada en la novela On the road –“En la carretera” del norteamericano Jack Kerouac (1922), una obra emblemática de los años 50, Joan Yago ha hecho una recreación del diálogo de dos personajes que quieren ponerse en el camino de la vida y del viaje –es lo mismo-, en una suerte de sueño e inmovilidad que se cruza con la aventura.Fernando Tielve y Héctor Molina dan vida a los dos camareros que hablan y hablan, después de terminar su trabajo tedioso de limpiar ceniceros y mesas en un bar. Gerard Iravedra dirige con acierto a los actores que cumplen con eficacia su papel en los diálogos entrecortados de los personajes.

Dos jóvenes que quieren viajar y vivir, pero que afrontan el viaje de distinta manera, aunque ambos pongan como premisa no depender el uno del otro, no necesitarse… Quieren estar juntos, porque no desean estar solos, aunque ambos tengan sus propios sueños de chicas y de salir adelante.

Muy diferentes uno del otro, ambos personajes se desafían y complementan. El paralelismo de concepto y diálogo entre “No soy Dean Moriarty” y “Esperando a Godot” de Samuel Becket no se hace esperar. Se trata de buscar, esperar y seguramente no encontrar, pero, entre tanto, hay que hacer cosas, hablar, parlamentar, debatir…

Un cierto nihilismo se desprende de esta obra con acentos de ternura. La vida es dura. No es lo mismo viajar que desplazarse, se dice en un momento dado. Una obra de teatro que apenas dura una hora, más amena sin duda que la novela de Kerouac, emblema de una generación que se aburre y no sabe a donde ir aunque se encuentre siempre planificando y “En camino”.