Balthus

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Discos

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Blossoms, tradición norteña

por Xavier Valiño

La historia de la banda de cinco componentes de Stockport, Blossoms, comienza en un punto entre la pesadilla y el olvido, rodeados del olor a fritura y los chillidos de adrenalina del Parque de Atracciones Alton Towers. Corría el año 2006 y dos chavales, Tom Ogden y Joe Donovan, que entonces contaban con 12 años, comienzan a hablar entre sí porque son los únicos varones de una excursión del colegio donde el resto de compañeras son chicas.Ahora, un tiempo después, Ogden canta y Donovan toca la batería en la banda de Manchester recomendada por Spotify, MTV, iTunes y la encuesta de la BBC. En Blossoms encontramos referencias de artistas como Arctic Monkeys, Depeche Mode o The Doors. Se desenvuelven entre la psicodelia, el pop de sintetizadores y el house independiente por su sonido volátil, único y a la vez familiar. “Fundamentalmente queremos ser un gran grupo de pop”, dice Ogden. “Nos influye tanto el pasado como el presente y queremos sonar tan modernos como sea posible. Queremos sonar como una banda de ahora que entonces no habría sido posible”.

Blossoms son la alianza de dos mejores amigos que en el 2013 aunaron fuerzas tras intentarlo por separado en otros grupos sin éxito. Donovan y el bajista Charlie Salt colaboraron primero en “un trío tipo Black Keys”, hasta que convencieron a Ogden para que dejase su grupo, Save The Mastersound, y formase uno nuevo con ellos. “Tom había compuesto estos temas increíbles”, recuerda Donovan, “pero no se los tocaba a la banda que tenía porque pensaba que no encajaban. Así que le animé para que empezase a ensayar con nosotros”. Necesitaban un guitarra y se lo propusieron al hermano pequeño de la ex novia de Donovan, Josh Dewhurst de 15. “Eran mucho mayores que yo pero no me sentí intimidado. Si acaso me ayudaron a salir de mi ensimismamiento y se convirtieron en mis hermanos mayores”, dice Dewhurst.

Los cuatro pasaron a ser cinco cuando Ogden y Donovan fueron a una fiesta en un apartamento cercano a un restaurante de curry. “Estábamos hablando de lo mucho que nos gustaría tener un teclista cuando un chico levantó su mano y dijo que él lo haría. Lo divertido es que tenía la muñeca escayolada así que debemos ser el único grupo que ha fichado a un teclita enyesado”. La muñeca rota pertenecía al inquilino del apartamento, Myles Kellock, un guerrero herido en una noche desastrosa en Manchester. “Fue un tanto embarazoso”, confiesa Kellock. “Como suele pasarnos a los chicos, bebí algo de más una noche y me resbalé al salir de una fiesta, y me rompí la muñeca”. Blossoms que tomaron su nombre de la ruta del autobús 192 a Manchester, se atrincheraron en el almacén de andamiajes del abuelo de Salt, que sigue siendo su local de ensayo hasta ahora. “Nos pasamos la vida juntos y nos alimentamos mutuamente”, dice Salt. “Yo soy el sensible, Joe es el organizado, Tom es muy reservado, Myles es el bobo y Josh es como un médico de 69 años atrapado en el cuerpo de un chico raro de 18”.

En los primeros conciertos iban vestidos todos con jerséis de cuello vuelto idénticos inspirados en la banda garage de culto de los 60, The Music Machine, una reacción contra la identidad del estilo de las demás bandas de Manchester del circuito que llevaban parka y calzaban botas. Poco a poco cada uno fue vistiéndose de forma más personal, avanzando  en tándem con su sonido que comenzó a despegarse de las sombras del rock psicodélico hacia tierras más soleadas del pop, encontrando el equilibrio perfecto entre la guitarra cristalina de Dewhurts, los teclados futuristas de Kellock, la robusta sección rítmica de Salt y Donovan y la pegadiza voz de Ogden, un crooner norteño con su propia propulsión, entre Richard Ashcroft y Alex Turner. “Todos los temas son muy personales porque tratan sobre mis relaciones”, afirma Ogden. “Suelo componer mis mejores letras cuando me siento fatal y me han roto el corazón, pero los textos se funden con música pop muy melódica, es un guiño extraño”.

Ese giro personal se debe en gran parte al apoyo de su mentor sónico James Skelly de The Coral. Tras producir sus dos primeros singles para su propio sello, Skeleton Key, “Blow” y “Cut Me and I’ll Bleed”, Skelly se mantuvo a bordo cuando la banda fichó con Virgin EMI Records en 2015, supervisando su siguientes EPs Blown Rose, Charlemagne y su primer lanzamiento de 2016, el oscuro glam futurista, At Most a Kiss.

“James ha sido muy importante para nosotros”, dice Ogden. “Puede escuchar nuestros temas y de forma instintiva saber que partes hay que mejorar. Tiene mucho oído para saber reconocer una buena melodía pop. Saca lo mejor de nosotros y le da un leve toque extraño al todo como solo él sabe. Somos fans de The Coral, ¡y que él sea el productor de nuestro primer trabajo es un sueño!El año que tocaron en el SXSW de Texas, Dewhurst aún menor de edad tuvo que llevar marcas de rotulador indeleble en las manos para evitar que consumiera alcohol (“¡ni tan siquiera bebo!”), experimentaron la “Blossoms-manía” en Tokio donde los enloquecidos fans japoneses les bombardearon con Kit-Kats hechos de encargo con sus caras impresas en lo envoltorios, agotaron las entradas del Village Underground londinense, pero su clímax en 2015 fue su concierto como cabezas de cartel en un abarrotado Ritz de Manchester ante un público de 1.500 seguidores que gritaban enloquecidos.

“Para un grupo que ni siquiera ha editado un álbum, disfrutar de ese tipo de reacción del público nos pareció abrir un nuevo capítulo de la historia”, dice Kellock. “Nos enorgullece que Manchester nos apoye tanto”, añade Ogden. “La ciudad siempre ha apoyado a bandas con grandes canciones y grandes melodías y hace mucho que no ha salido de aquí ninguna. Queremos formar parte de la tradición como lo son The Stone Roses y Oasis y todos los que nos han precedido. Así que con todo lo que ha sucedido hasta ahora sentimos que nuestro momento ha llegado”.

Blossoms han logrado repetir el hito de agotar el Albert Hall de Manchester y el Scala de Londres en su pasada gira británica en febrero. Quizás esto se deba a los amuletos de las llaves mágicas que Ogden y Donovan llevan al cuello, reliquia de familia que hasta ahora solo les ha traído cosas buenas. “No me atrevo a quitármelo”, se ríe Donovan. “Ahora en serio, tenemos la sensación de que estamos en racha. No estaríamos en esto si no pensásemos que vamos a ser la próxima banda grande del norte. No vamos a parar hasta que no lo consigamos”. Diez años después de que dos chicos se hiciesen amigos en Alton Towers siguen disfrutando de la aventura de su vida en Blossoms.