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Discos

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La vision estereoscópica de la vida

por Alberto López Echevarrieta

Euskal Museoa / Museo Vasco de Bilbao, a partir del 19 de enero de 2017

Con el título “El Conde del Valle. Modernidad y Tradición. El fin de una época”, el Euskal Museoa / Museo Vasco de Bilbao presenta una importante colección de fotografías realizadas entre finales del siglo XIX y principios del XX por Ignacio de Murua procedentes del Ayuntamiento de Bergara (Gipuzkoa). Algunas de ellas tienen la particularidad de haber sido realizadas por el sistema estereoscópico. Es decir, que se precisan gafas especiales para apreciar el efecto del relieve o, según siglas modernas, el 3-D.

Afición de ricos

Ciertamente en aquella época cualquiera no podía dedicarse a la fotografía. Sacar fotos era privilegio de personas que, además de poseer la correspondiente afición, disponían de dinero suficiente como para poder permitirse lo que entonces era un lujo. De ahí que el legado que nos llega proceda de una persona adinerada que poseía numerosos caseríos y tierras en régimen de alquiler en la zona de Bergara. Vamos, que vivía holgadamente de las rentas y además disponía de título nobiliario.

Ignacio de Murua y Alzola (Bergara 1863 – San Sebastián 1953), cuarto Conde del Valle, nació y vivió la mayor parte de su vida en el Palacio de Rotalde de la localidad guipuzcoana, propiedad de la familia desde que su antepasado Martín de Murúa la compró en el siglo XVIII al volver de Sevilla cargado de dinero. El pase por dicho edificio de personas adineradas y además amantes de las artes, supuso el atesoramiento a lo largo de los siglos de obras de singular importancia, algunas de las cuales se pueden apreciar en las fotografías interiores del edificio, tales como una magnífica vajilla de cerámica, cuadros, libros, etc.Las tres grandes pasiones del señor conde eran los automóviles, la fotografía y los viajes, dedicándose a ellas con la holgura que le permitían los copiosos pagos de las rentas. Había heredado de los viejos mayorazgos de Murua, Jáuregui, Balzola y Larreche y Mancisidor, por lo que era dueño de muchas casas y terrenos de labranza de la zona. Vivía y bien de las rentas.

Gracias a ellas se podía permitir el entonces lujo de disponer de coches de última gama que él mismo conducía cuando se trasladaba a Roma, Biarritz, Lourdes o a la Semana Santa de Sevilla. A bordo siempre iba su equipo de fotografía con el que recogía aspectos curiosos de estas ciudades. Es más, dispuso de un equipo para tomar imágenes estereoscópicas que luego se podían ver poniendo un artilugio especial de madera ante los ojos o ahora con gafas especiales, como las que se utilizan para las películas en relieve.

Reflejo de una época

La colección conseguida por el Conde de Murua, hoy en propiedad del Ayuntamiento de Bergara, tiene una singular importancia, ya que presenta aspectos muy curiosos de un período no muy lejano de la Historia en el que se producen importantes cambios económico-sociales con el advenimiento de una sociedad liberal e industrial que destaca por sus avances tecnológicos.

La exposición muestra el interés del fotógrafo por las novedades que se producían en el mundo de la fotografía. Estaba suscrito a varias revistas especializadas de las que siguió los consejos ofrecidos para crear un laboratorio o un plató a fin de poder desarrollar su afición con características profesionales. Gracias a ellos montó todo un escenario en el jardín de su palacio para fotografiar aprovechando la luz solar.

Su interés le llevó también por los pueblos del entorno donde vivía para recoger panorámicas de acontecimientos rurales y el discurrir de procesiones, como la que sale de la iglesia de San Pedro en 1906 o el traslado de la reliquia de San Francisco Javier que se hace a Lekeitio el 11 de setiembre de 1922.

La muestra se enriquece con retratos de estudio de los fotógrafos más importantes de la época. Me refiero a Cánovas, Nadar o Kaulak. Hay más: en una sala contigua aún se puede ver la exposición “Estereoskopiak: 16 + 16” con trabajos de Eulalia Abaitua, ya reseñada en “Artes Hoy”. El contenido de ambas salas se complementa perfectamente al ofrecerse las visiones masculina y femenina de una misma época utilizando cámaras similares que reflejan los aconteceres de una época convulsa que merece la pena recordar.